Los almogávares: espías y guerrilleros en la Península Ibérica

 

Nombre: Almogávares
Lugar: Península Ibérica
Época: Reconquista
Arma favorita: Azconas
Característica: Infantería ligera
Los almogávares eran soldados de infantería ligera dedicados al espionaje y a la guerrilla en la Península Ibérica durante los siglos XIII y XIV.

Aunque su origen es árabe, pronto los reinos cristianos aprendieron sus tácticas para sus propias guerras y batallas hasta que tras la Reconquista y la desaparición de la frontera entre reinos cristianos y musulmanes, los almogávares fueron desapareciendo progresivamente para convertirse en bandoleros.

Su eficacia e importancia fue tanta que llegaron a participar en guerras fuera de la Península Ibérica como parte de las tropas de la Corona de Aragón.

El origen de los almogávares

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Se cree que el término “almogavar” viene del árabe al-mugawir, “el que crea algaradas“, es decir, tumultos, jaleo, escándalo, o del término también árabe al-mujabir, que literalmente quiere decir “el que porta noticias” pero que en este caso se traduciría como “el que explora y comunica”, aludiendo a la función de espionaje que realizaban los almogávares entre otras cosas.

La primera vez que se usa la palabra “almogávare” es en el siglo X, en las tierras Al Andalus, para referirse a  grupos armados dedicados al saqueo y a los ataques por sorpresa que actuaban en el Valle del Ebro. 

Posteriormente, en las últimas etapas de la Reconquista, se llamaría “almogávar” a los asaltantes moros que operaban en la frontera del Reino de Granada.

Con el paso del tiempo, los cristianos comenzaron a usar también esa palabra. Los aragoneses fueron los primeros en adoptar las tácticas y modus operandi de estos almogávares y al final, fueron conocidos con el mismo nombre a pesar de que eran cristianos y no musulmanes.

Estos almogávares cristianos empiezan a nombrarse a principios del siglo XII, durante el reinado de Alfonso I de Aragón. Su nieto, Alfonso II el Casto, ya contaba con almogávares entre sus tropas.

¿Cómo surgieron estas tropas almogávares en la Península Ibérica?

Como consecuencia de la Reconquista y sus sucesivas campañas militares entre Al Andalus y los reinos cristianos, muchos pastores cristianos habían perdido sus refugios naturales en los valles de los Pirineos, por lo que tuvieron que organizarse y dedicarse al saqueo en tierras enemigas para poder sobrevivir junto a sus familias.

El hecho de proceder de una vida dura y agreste y de haber vivido con escasos recursos en un clima tan complicado hacía que a estos almogávares no les supusiera un problema dormir al raso durante los días que duraban sus razzias.

Con el paso del tiempo, estos pastores acabaron dedicándose a tiempo completo a la actividad guerrera, algo que les procuraba muchos bienes en unos días al contrario que su actividad habitual que exigía ocupación a tiempo completo durante todo el año.

Conforme se iban desplazando al sur las fronteras de los reinos cristianos, estos almogávares fueron moviéndose también con ellas.

De la misma manera, comenzó a documentarse la presencia de almogávares musulmanes que peleaban al lado de los almogávares cristianos.

Las armas y el atuendo de los almogávares

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Los almogávares se caracterizaban por llevar un equipo muy ligero que les permitía moverse con rapidez. Solían cubrirse con una cota de mallas y un cubrecabezas llamado capells de rets.

El resto de ropa era de aspecto bastante pobre, limitándose a una camisola corta sujeta por un cinturón, unas calzas de cuero y unas abarcas también de cuero.

Llevaban la barba larga y un zurrón en el que guardaban provisiones, normalmente pan, yesca y pedernal.

La yesca, además de para encender fuego, era empleada para hacer saltar chispas de sus armas y amedrentar a los enemigos mientras lanzaban su grito de guerra: “¡Desperta, Ferro!” (“despierta, hierro”).

Las armas que solían llevar eran las siguientes:

  • Lanza corta o azcona: se describía como un simple palo de madera con un pincho de hierro y también se conocía con el nombre de chuzo.
  • Venablos: portaban dos, que se lanzaban con fuerza a modo de dardos y podían llegar a atravesar los escudos de los enemigos.
  • Cuchillo largo o coltell: aunque en ocasiones se ha dado a entender que el coltell era un cuchillo exclusivo de los almogávares por su forma y dimensiones, lo cierto es que esa palabra simplemente se refiere a un cuchillo normal y corriente que podía tener distinta morfología y longitud.
  • Espada o alfanje: se trata de una espada de hoja ancha y curva cuyo nombre procede del término árabe “al-janyar“, que quiere decir “puñal”. Era una especie de sable corto de origen musulmán que se adaptó en la Península Ibérica y en otras zonas cristianas del Mediterráneo. Tenía menos longitud que la cimitarra y era más ancho que los típicos sables que usaban los musulmanes.

La táctica de los almogávares

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Los almogávares eran muy diferentes al prototipo del clásico caballero medieval que luchaba a caballo y representaba un ideal mítico a modo de ejemplo a seguir.

Ellos se movían a pie, con mucha ligereza ya que no usaban coraza, casi siempre de noche y aprovechando su conocimiento del terreno.

Solían ir en grupos de entre cinco a quince hombres según la estrategia a seguir ya que este número podía aumentar si se trataba de una batalla abierta y no de una incursión sorpresa en la frontera cristiano-musulmana.

En realidad  no se comportaban como un ejército  ya que su objetivo era reunir botín y esclavos que poder vender después.

Algunos reyes y nobles locales solían aprovecharlos para su propio beneficio; por esto, en ocasiones, los almogávares se unían a los ejércitos renunciando a un sueldo a cambio de poder quedarse con el botín y de obtener alimento.

Las zonas fronterizas eran peligrosas y los almogávares eran una buena baza a la hora de lidiar batallas allí, ya que conocían el terreno y sabían cómo moverse con más eficacia que un ejército entero.

 Su táctica se basaba en acorralar al enemigo  desde los flancos y la vanguardia para cortar las cadenas de suministros y atacar a sus tropas, siempre con el factor sorpresa por delante.

Normalmente seguían un orden abierto aunque si tenían que soportar embistes de la caballería pasada, podían formar una masa compacta para resistirlos.

Aunque, como ya se ha dicho, podían luchar junto a ejércitos de reyes o nobles, siempre conservaban su autonomía y no necesitaban el apoyo de la caballería como sí les ocurría a otras unidades de infantería.

Se movían con rapidez en saqueos que duraban dos o tres días, mostrando una gran resistencia, valor y velocidad en sus actuaciones, además de ser muy frugales y no requerir demasiados alimentos.

Cuando entraban en lucha, lo primero que hacían era lanzar las azconas y los venablos hacia los enemigos, atacando especialmente a los caballos.

Si los caballeros decidían atacar, se mezclaban con éstos para herir en las patas a las monturas y hacerles caer sobre su jinete.

Una vez en el suelo, los almogávares asesinaban rápidamente a los caballeros usando sus cuchillos.

La cadena de mando de los almogávares

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Los almogávares no tenían un sistema de rangos militares demasiado elaborado debido a la sencillez de su estrategia y organización. El documento en el que se reflejan no solamente estos rangos sino también las cualidades que debían tener un almogávar (buena forma, resistencia física y agilidad) son las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, un corpus legislativo de la Corona de Castilla para unificar jurídicamente el reino.

  • Adalid: era el grado más alto. Su nombre viene del término árabe “dalid“, que significa “guía, conductor”. Era el encargado de guiar a las tropas por los caminos adecuados, por lo que debía tener un conocimiento perfecto del terreno y conocer lugares en los que poder resguardarse y que tuvieran agua, hierba y madera suficiente para poder encender fuego. Tenía que preparar las expediciones y organizar lo relativo a los saqueos. Su nombramiento debía hacerse por otros doce adalides que tenían que jurar que el candidato era apropiado para desempeñar el cargo. De forma honorífica podían ser llamados “rey” y su cargo se hizo vitalicio a finales del siglo XIV, asemejándose así a algo parecido a la baja nobleza.
  • Almocatén: este término procede del árabe “al-mucaddem“, que quiere decir “el que dirige”. Era el capitán de los distintos grupos almogávares y su misión era saber guiar a su grupo y motivarles para la batalla. Se le exigía lealtad y ser capaz de moverse con rapidez y ocultarse cuando era necesario. Para poder ostentar este cargo, otros doce almocatenes tenían que jurar que estaba preparado para ello. En resumidas cuentas, era un almogávar elegido como líder por su grupo.

Los almogávares en Aragón

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Los almogávares de Aragón son los más conocidos debido a las batallas en las que participaron, algunas de ellas de carácter internacional como aquellas relacionadas con la expansión por el Mediterráneo de la Corona de Aragón.

Eran bastante numerosos; Pedro III el Grande contó en su ejército con 15.000 almogávares en sus campañas a Túnez y Sicilia.

En los momentos de la Reconquista, almogávares aragoneses, catalanes y valencianos combatieron contra los musulmanes, estando presentes en la conocida batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

También tuvieron un papel destacado en la conquista de Valencia por parte de Jaime I.

A finales del siglo XIII, casi 10.000 almogávares  fueron enviados a Sicilia para apoyar a los rebeldes  que se habían levantado contra los franceses.

Cuando surgió el conflicto entre el rey Jaime II y su hermano Federico, al negarse éste a abandonar Sicilia a pesar de la Corona de Aragón había renunciado a ella para aliarse con Carlos II de Nápoles y el Papa, los ejércitos almogávares se dividieron apoyando a uno o a otro y se quedaron guerreando en la isla.

Ya en el siglo XIV, los almogávares de la Corona de Aragón van al Imperio Bizantino.

Por un lado, el emperador bizantino Andrónico II necesitaba tropas para enfrentar a los turcos y, por otro, Federico II de Sicilia deseaba deshacerse de los almogávares que había en su isla y que estaban creando problemas una vez firmada la paz.

Los almogávares, cuyo modo de vida era el saqueo y la guerra,  se convertían en un elemento problemático  cuando no se les daba nada que hacer y los habitantes de Palermo comenzaban a protestar por su presencia.

Se formó entonces la Gran Compañía Catalana en la que había casi 10.000 almogávares junto a otras tropas.

Tras una pequeña batalla con los genoveses, vencen a los turcos y ganan terreno en Anatolia hasta que se desvían a Tesalia para reponer vituallas y resolver algunas luchas internas de poder.

Antes de volver a la batalla con los turcos, su líder Roger de Flor es asesinado por unos mercenarios alanos y los almogávares reaccionan con la llamada “venganza almogávara” o “venganza catalana”, destruyendo aldeas y pueblos y derrotando a los bizantinos.

El emperador lanzó a su ejército contra ellos pero fueron derrotados y después, los almogávares alcanzaron a los alanos, dejando casi 9.000 muertos.

Los almogávares entonces son contratados por el Duque de Atenas para enfrentarse a los griegos pero al no recibir después el pago convenido, lo atacan y toman el Ducado de Atenas en nombre de la Corona de Aragón. Al negarse a devolver ese territorio, el Papa los excomulga.

Los almogávares ampliaron los territorios y derrotan a un ejército francés que trató de tomar Atenas. Este ducado permaneció bajo el control de la Corona de Aragón hasta finales del siglo XIV.

Los almogávares en Castilla

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Los almogávares en Castilla comenzaron a actuar principalmente en Jaén. Más tarde, se involucran en el inicio de la conquista de Córdoba.

Esta toma de la ciudad se llevó a cabo de noche, por parte de almogávares disfrazados de musulmanes que entraron escalando por los muros de forma sigilosa, haciéndose con el control de torres y puertas hasta que Córdoba se rindió.

Aunque sin duda, donde más destacaron los almogávares de esta zona fue en el Reino de Granada.

En esas tierras, la mayoría de los almogávares se movían por la venganza debida a las incursiones de los musulmanes del norte de África que atacaban ciudades y tomaban prisioneros para venderlos después como esclavos.

Se dedicaban principalmente a asaltar a los bandidos musulmanes que incursionaban en territorio cristiano, lo que era muy agradecido por las poblaciones cercanas a la frontera.

Los almogávares también ejercían como espías y vigilantes, encargándose de avisar a todos los puestos de la frontera si veían movimientos de tropas sarracenas acercándose al territorio cristiano.

En ocasiones, también se les encargaba que rastrearan y encontraran a asaltantes del Reino de Granada ya que los almogávares eran los que conocían sus huellas y cómo seguirlas.

Participaron en la toma de varias ciudades casi siempre con  la estrategia de entrar a hurtadillas en la ciudad de noche  y acabando con los centinelas para después abrir las puertas a las tropas.

Una vez conquistado el Reino de Granada, muchos almogávares fueron al Norte de África para conquistar varios puntos de la costa que servían de refugio a corsarios y piratas.

Por último, también participaron almogávares del lado de los Reyes Católicos ante los ejércitos de los nobles partidarios del Marqués de Villena, defensor de los derechos al trono de Juana la Beltraneja.

El final de los almogávares

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El origen de los almogávares está en las fronteras entre reinos cristianos y reinos musulmanes, por lo que tras la conquista del Reino de Granada, comenzaron a desaparecer poco a poco.

Fueron convirtiéndose en bandoleros que actuaban en caso de esporádicos ataques procedentes de Granada y en cazadores de cabezas.

Éstos últimos se dedicaban a perseguir musulmanes y cristianos convertidos al Islam para cortarles la cabeza y presentarla ante el concejo en busca de una recompensa.

Se concentraron en especial en el Reino de Murcia.

La vigilancia de las fronteras, además, pasó a mano de vigías reales por lo que ya no se les requería como antes. Otros almogávares hicieron incursiones en sus propios territorios, fijando como víctimas a los musulmanes que habían aceptado vivir en territorio cristiano.

Muchas veces actuaban en Murcia para escapar a la legalidad y dificultar el proceso de persecución.

Los almogávares que actuaban así se escudaban en el hecho de que era muy difícil distinguir al musulmán convertido del que, en realidad, seguía profesando su fe.

Con el tiempo, atacaron también a cristianos, ya fuera secuestrándolos para pedir un rescate o robando su ganado. Estas prácticas empezaron a ser habituales y el prestigio de los almogávares comenzó a caer en picado.

Por otro lado,  también hubo almogávares que se convirtieron al Islam  y se fueron a luchar al otro lado de la frontera. Resultaban ser muy peligrosos ya que no solamente conocían el terreno al dedillo sino también las estrategias y costumbres del territorio cristiano.

Las poblaciones ofrecían grandes recompensas por capturar a uno con vida. Cuando esto sucedía, se les castigaba con dureza o se les ofrecía el perdón a cambio de que volvieran al Cristianismo.

En el siglo XV, los almogávares residuales eran usados a modo de comandos para espiar y vigilar más que como mercenarios del ejército y a partir de 1492 y tras la conquista del Reino de Granada por los Reyes Católicos, con la disolución definitiva de la frontera entre cristianos y musulmanes, desaparecieron definitivamente.

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Vídeo sobre los almogávares

Si te has quedado con ganas de aprender más sobre los almogávares y la gran aportación que hicieron a la historia, el vídeo que hay más abajo te ayudará a ampliar mucha más información sobre estos guerreros que mucha gente desconoce pero que han aportado tanto al mundo de hoy en día:

Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.