El Barón Rojo, el as del combate aéreo

Nombre: Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen
Lugar: Alemania
Época: 1ª Guerra Mundial
Arma favorita: Caza Albatros
Característica: Ágil aviador
El Barón Rojo, cuyo nombre auténtico era Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, fue un aviador alemán famoso por haber derribado ochenta aviones enemigos durante la Primera Guerra Mundial.

Poseía un gran manejo del avión, pues conseguía realizar piruetas y maniobras muy complicadas. Sus compatriotas lo consideraban como un héroe de guerra y no sólo eso, sus enemigos también lo hacían. Se ganó dicho respeto porque además de ser un gran combatiente del aire, dejaba huir a sus enemigos malheridos.

El Barón Rojo fue abatido el 21 de abril del 1918 cuando sobrevolaba el norte de Francia, cerca del río Somme.

La juventud de El Barón Rojo

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El Barón Rojo nació el 2 de mayo de 1892 en Kleinburg, cerca de Breslau, ciudad que en aquella época formaba parte del Imperio Alemán y hoy día es conocida como Wroclaw y pertenece a Polonia.

Pertenecía a una familia aristocrática polaco-alemana terrateniente llamada Richthofen que descendía de Leopoldo I. Recibió educación en su casa y después en u de Schweidnitz, ciudad a la que se había trasladado su familia.

El padre de El Barón Rojo fue un alto cargo en la caballería prusiana dentro del regimiento de Ulanos número 12.

Viendo desde niños el ambiente militar en casa, tanto El Barón Rojo como su hermano pequeño Lothar decidieron seguir los pasos de su padre y se alistaron en el ejército imperial cuando eran muy jóvenes.

El Barón  contaba en ese momento con tan sólo once años  y en la Escuela Militar Prusiana recibió una férrea educación de soldado en la que se descuidaba el aspecto intelectual.

Allí se dedicaba también a los ejercicios gimnásticos, siendo muy bueno en barras paralelas y ganando algunos premios.

El Barón Rojo se dedicó a la caza y a la equitación antes de llevar a cabo su instrucción militar como cadete.

Una vez terminada ésta y cuando tenía diecinueve años, se alistó en el Regimiento de Caballería Ulana, los famosos jinetes alemanes que toman su herencia de los tártaros.

Luchó en Rusia, Francia y Bélgica y tan sólo tres años después, El Barón Rojo sería ascendido a teniente del primer regimiento y contaba en su poder con una Cruz de Hierro, condecoración entregada al valor y al mérito en el mando de las tropas.

La Primera Guerra Mundial y El Barón Rojo

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Al comenzar el conflicto y al quedar obsoleto el cuerpo de caballería debido a los avances tecnológicos durante la Gran Guerra, El Barón Rojo fue trasladado de la caballería a la infantería, cuerpo en el que no prosperó porque, según decía él mismo, la vida en las trincheras era inhumana y aburrida.

De ahí y tras un breve paso por la unidad de logística encargándose del correo y trabajando como telefonista,  pasó a la aviación gracias a sus contactos , donde se encontraría mucho más a gusto.

Los aviones se habían convertido en un arma innovadora del conflicto y su producción aumentó considerablemente por parte de ambos bandos.

Sabías que...
Aunque parezca extraño, El Barón Rojo no destacó demasiado en la academia de aviadores a pesar de que después demostraría ser más que capaz en combate.

Se dedicó principalmente a observar y a tomar fotografías viajando como piloto observador en aviones biplaza a pesar de que lo que deseaba era entrar en acción.

Poco después, El Barón Rojo derribaría a su primer avión enemigo en la región de Champagne, Francia, sólo que al caer tras las líneas enemigas no hubo manera de confirmar la victoria y, por tanto, no se le concedió el crédito de la misma.

El Barón Rojo conoce a Oswald Boelcke

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Oswald Boelcke está considerado el padre de la fuerza aérea alemana ya que fue el primero en formalizar las reglas del combate aéreo, especialmente aquellas que instaban a no entrar en combate en inferioridad de condiciones o si no había unas mínimas garantías de salir con vida del enfrentamiento.

Comandante del escuadrón de caza Jagdstaffel Nr 2, o Jasta 2, Boelcke escogió a El Barón Rojo durante la reorganización de la fuerza aérea alemana, la Luftstreitkräfte. 

El primer vuelo del Barón con este escuadrón fue 17 de septiembre de 1916, en Francia. En los meses que permaneció en esta unidad destacó por valor a la hora de enfrentarse al peligro y también por su agudeza visual.

Durante los siguientes veinte meses llegó a superar el número de victorias de su mentor, Oswald Boelcke, al que aún así siguió respetando y admirando:

“Después de todo sólo soy un piloto de combate pero Boeckle fue un héroe”

Entre sus hazañas de esta época destaca la de haber derribado el avión del as británico Lanoe Hawker, quien tenía siete victorias acreditadas durante la Primera Guerra Mundial y fue el tercer piloto en recibir la Cruz de Victoria, la condecoración más prestigiosa de Gran Bretaña otorgada por el valor mostrado ante los enemigos.

En enero de 1917, El Barón Rojo fue condecorado con la Cruz Pour le Merité, máxima condecoración en Alemania durante la Primera Guerra Mundial que hacía alusión al número de aviones derribados en combate.

El Barón Rojo consigue su nombre

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Ese mismo año se le entrega el mando del Jasta 11 que será conocido como el Circo Volador debido al colorido de los catorce aviones que componían esta unidad.

El avión cuyos mandos tenía El Barón Rojo era de color rojo y es en este momento cuando el aviador adquiere el apodo por el que es conocido desde entonces:  barón por sus orígenes aristocráticos y rojo por el color de su avión .

Antes de llamarse Barón Rojo, se le dieron otros nombres como Caballero Rojo, Diablo Rojo o Pequeño Rojo, siempre haciendo alusión al color del avión que pilotaba.

El motivo por el que El Barón Rojo decidió pintar su avión con un color tan llamativo es el de  facilitar que sus enemigos lo reconocieran , una especie de táctica psicológica con la que pretendía infundir el miedo y la inseguridad antes de que comenzara el combate ya que era muy temido.

En esta época, el Barón Rojo había perfeccionado las técnicas de Boelcke, indicando a los aviadores novatos que apuntaran siempre al piloto y, en el caso de los aviones biplaza, que se encargaran primero del artillero y después del piloto.

Su combate típico consistía en atacar desde atrás y desde una posición elevada, haciendo que su enemigo quedara deslumbrado por el sol y protegiendo los flancos con otros pilotos del escuadrón.

El Barón Rojo no era un piloto excesivamente acrobático ni tampoco asumía más riesgos de los necesarios, al menos en esta época.

El Barón Rojo llegó a dirigir 58 misiones y salió victorioso de todas ellas, sumando un total de 80 aviones derribados, una cantidad que nadie logró alcanzar durante la guerra en ninguno de los dos bandos.

Solamente en el mes de abril, él derribó por sí mismo una veintena de aviones.

Unos meses después y dado su talento, recibió el mando del primer ala de caza de la historia de la aviación militar, la JG 1, que comprendía los Jasta 4, 6, 10 y 11.

Llegaron a derribar 644 aviones sufriendo tan sólo 56 bajas propias. Lothar, el hermano de El Barón Rojo, también estuvo en esta unidad obteniendo cuarenta victorias.

El 6 de julio de 1917, El Barón Rojo fue abatido por el capitán del 20º Escuadrón Británico Donald Cunnel y recibió una bala en el cráneo que no acabó con su vida pero le produjo una lesión en el cerebro.

Aunque se quedó ciego momentáneamente, pudo aterrizar de forma segura.

Tuvo que ser operado varias veces para extraer trozos de metal de su cabeza. Durante su estancia en el hospital, conoció a la enfermera Käte Otersdorf, de quien se dijo que llegó a ser amante del piloto.

A pesar de que le provocó una incapacidad para soportar alturas, siguió volando y comportándose como si no tuviera miedo a morir, incumpliendo normas de la aviación del combate que él mismo había escrito en su manual debido a su sed de nuevas victorias.

Ésta no fue la única ocasión en la que El Barón Rojo fue derribado. Anteriormente a ésta, el depósito de su avión fue alcanzado por una bala y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia.

La tercera ocasión le costó la vida y se cree que fue una consecuencia de las secuelas de las lesiones cerebrales.

Poco tiempo después se le puso a los mandos de un Fokker Dr I que también pintó de rojo y que, aunque era muy ágil, podía llegar a ser un blanco fácil.

El avión de El Barón Rojo: el Albatros

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Aunque El Barón Rojo pilotó varios tipos de aviones durante su carrera, la mayor parte de sus victorias las obtuvo en un Albatros. Este tipo de aviones reciben su nombre de la compañía que los fabricó.

En concreto, El Barón Rojo pilotó un Albatros D.II, fabricado en 1916 a partir del modelo anterior, el Albatros D.I, del cual los pilotos se quejaban porque ofrecía muy poca visibilidad.

Estos aviones no fueron usados solamente por las fuerzas alemanas sino también por el ejército austrohúngaro y por la Fuerza Aérea Polaca, una vez finalizada la guerra.

Las reformas que se hicieron fue el desplazamiento hacia adelante y más pegado al fuselaje del ala superior y un nuevo acondicionamiento del tamaño de la cabina del piloto.

El fuselaje, el motor y el armamento seguían siendo los mismos que del Albatros D.I. Al adquirir mayor velocidad, rápidamente dejó desfasados a los modelos anteriores.

Tan sólo se fabricaron 16 unidades de este modelo antes de pasar al Albatros D.III, que incorporó nuevas mejoras especialmente en la forma y disposición de las alas.

La personalidad de El Barón Rojo

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Varios testigos de la época describen a El Barón Rojo como alguien que no tenía miedo a la muerte y que parecía cambiar de personalidad cuando se ponía a los mandos de un avión.

El joven taciturno y malhumorado  se convertía en alguien cruel e impío  que veía el combate aéreo como una actividad cinegética en la que iba a la caza del elemento más débil.

La propaganda alemana de la época creó el mito de que El Barón Rojo siempre procuraba que los pilotos enemigos sobrevivieran, obligándoles a aterrizar para después dejarles marchar con vida en un alarde de caballerosidad.

En los años 20, Estados Unidos recuperó esta imagen para dar una imagen romántica del combate militar aéreo.

En realidad El Barón Rojo era un hombre frío que siempre buscaba derribar el máximo de aviones posibles, lo que no quita que fuera también un hombre valiente y ambicioso.

En realidad nunca se consideró a sí mismo un héroe sino  alguien que luchaba por su patria .

Sabías que...
Tenía como costumbre conseguir trofeos de los aviones que derribaba: ametralladoras, hélices, placas de identificación, etc… Con los que decoraba una de las habitaciones de su casa de la misma forma en que un cazador expone las cabezas de las piezas conseguidas.

Se dice también que encargaba a un copero que fabricara una copa de plata por cada enemigo derribado.

El Avión Rojo de Combate, por El Barón Rojo

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Durante su convalecencia y tras ser obligado a retirarse del servicio activo por sus mandos, escribió su libro El Avión Rojo de Combate, una especie de autobiografía en la que se engrandece a sí mismo y a sus batallas.

Tuvo un gran éxito en Alemania y también en Inglaterra, aunque aquí sufrió algunas censuras.

Una vez publicado, el Barón Rojo escribió un breve texto, Reflexiones desde mi refugio, en el que afirmaba que quería publicar una continuación para rectificar los pasajes en los que alardeaba de sí mismo para ofrecer una cara menos frívola de la guerra y la muerte, una visión no tan heroica sino más triste y pesarosa, pero ya no pudo hacerlo.

En este libro dice frases que reflejan claramente cuál era su objetivo principal cuando estaba en el aire:

“Nunca me subo a un avión por diversión, mi objetivo es la cabeza del piloto y quizá la del observador, si es que hubiera uno”.

Seguramente trasladara al combate aéreo su pasión por la caza, la cual había practicado desde edad muy temprana en los bosques de su familia. de hecho, en su libro relata de la misma manera sus victorias derribando aviones enemigos y los días de caza.

Esto no quiere decir que disfrutara matando; en realidad y según cuenta él mismo en este libro,  solía sentirse mal consigo mismo cuando no estaba pilotando y pasaba largas temporadas a solas , sin querer hablar con nadie.

La muerte de El Barón Rojo

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El 21 de abril de 1948, el Barón Rojo se encontraba persiguiendo con su avión al piloto canadiense Wilfred “Wop” May, quien había tomado como objetivo a Wolfram von Richthofen, primo de El Barón.

En su persecución, voló por debajo de la altura recomendada, internándose además en las líneas enemigas, contradiciendo sus propias normas. May era un piloto poco experimentado así que su compañero el capitán Roy Brown acudió en su ayuda.

Fuentes oficiales afirman que fue el piloto canadiense Roy Brown quien acabó con la vida de El Barón Rojo pero al descubrirse que el disparo que vino desde las trincheras, se dedujo que era casi imposible que hubiera sido Ray Brown desde el aire.

La opción más plausible apunta al soldado de infantería australiano William John “Snowy” Evans de quien apenas se sabe nada, tan sólo que murió en 1925.

Evans disparó desde una trinchera con una ametralladora Vickers, las mismas que se usaban en los aviones británicos, de donde vino la confusión inicial sobre la autoría de la muerte de El Barón Rojo.

Otro nombre que suena como posible autor de la muerte de El Barón Rojo es el artillero australiano Robert Buie.

Otras investigaciones apuntan al sargento Cedric Popkin de la 24ª Compañía de Ametralladoras Australianas, quien lanzó una ráfaga contra El Barón Rojo cuando éste ofreció el flanco derecho de su avión.

Aún así, a fecha de hoy todavía no se puede afirmar a ciencia cierta qué es exactamente lo que ocurrió.

La bala entró por el lado derecho del pecho de El Barón Rojo, hiriendo los pulmones, el corazón, el hígado, la vena cava y la arteria aorta antes de salir por otro orificio.

Según afirman los forenses, con semejantes heridas  apenas tardaría un minuto en perder la consciencia y dos en morir , por lo que no debió sufrir demasiado.

A pesar de estar herido de muerte, logró aterrizar suavemente antes de exhalar su último aliento. Los soldados australianos que fueron a socorrerlo tan sólo pudieron certificar su muerte.

Algunos militares se arrojaron sobre su avión para obtener piezas como recuerdo.

El Barón Rojo fue enterrado en el cementerio del pueblo francés de Bertangles por los británicos, quienes le rindieron tributo. Su ataúd, cubierto de flores, fue porteado por miembros del escuadrón 209 de la Royal Air Force.

Un grupo de soldados australianos presentaron armas y lanzaron tres salvas en su honor en el momento del entierro. El Barón Rojo tenía 25 años cuando murió.

La lápida conmemorativa se encuentra cerca del pueblo de Vaux-sur-Somme, Francia, y reza el siguiente epitafio: “Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz“. En 1925 fue exhumado y llevado a su tierra natal, Alemania, donde tuvo un segundo entierro.

Sin embargo, no fue éste el destino final de sus restos, que siguieron moviéndose de un sitio a otro hasta que en 2013 sus familiares lo llevaron definitivamente al cementerio de Weisbaden, en Alemania.

Documental sobre el Barón Rojo

Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.