Los pretorianos, los guardaespaldas del emperador de Roma

Nombre: Pretorianos
Lugar: Antigua Roma
Época: Edad Antigua
Arma favorita: Espada y escudo rectangular
Caracteristica: Tropas romanas de élite
Los pretorianos eran el cuerpo militar encargado de la protección de los emperadores romanos aunque en realidad su existencia se rastrea ya en el siglo III a.C., cuando los líderes militares se rodeaban de una escolta especial que los protegiera.

Los pretorianos fueron adquiriendo cada vez más poder especialmente junto a emperadores débiles y llegaron al punto de elegir y deponer emperadores a su gusto. Finalmente, a principios del siglo IV d.C. se hicieron varios intentos para acabar con ellos hasta que Constantino los disgregó por todo el Imperio.

A pesar de que fueron acusados de corrupción, en ciertos momentos de la historia de Roma contribuyeron a mantener la paz y a dejar a un lado a gobernantes inútiles.

El origen de los pretorianos

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La palabra “pretoriano” deriva del nombre que se le daba a la tienda de campaña del pretor de un ejército romano, el praetorium.

Este término aparece documentado por primera vez en el año 146 a.C., momento en el que Publio Cornelio Escipión Emiliano se dirige hacia Numancia.

Además de su numeroso ejército, iba acompañado por 500 escoltas escogidos de entre sus amigos que, al acampar sus tiendas cerca del praetorium, comenzaron a ser llamados pretorianos.

De esta manera,  la guardia pretoriana  vendría a querer decir literalmente algo como “protectores del recinto del comandante”.

Esta costumbre venía practicándose desde hacía décadas por parte de varios generales romanos quienes, preocupados por su bienestar, escogían hombres de confianza para proteger su tienda de campaña y a ellos mismos cuando se desplazaban de un lugar a otro.

Muchas veces estas escoltas se componían de veteranos del ejército o de gladiadores contratados para ese fin.

Obviamente, esto se enfatizó durante las guerras civiles de Roma. La guardia estaba formada por soldados de infantería pero también por unidades de caballería.

El número de guardias aumentó hasta llegar a ser considerada una cohorte, la cohors praetoria, y fue Julio César quien se cercioró de la necesidad de contar con una unidad más fuerte y peligrosa que las demás en el campo de batalla.

Otros generales importantes como Pompeyo y Marco Antonio también contaron con su guardia de escoltas.

Más tarde, el emperador Augusto se dio cuenta de que la utilidad de los pretorianos podía llevarse desde el campo de batalla hasta la política para intentar asentar la delicada y frágil situación en que había quedado la política romana con los acontecimientos de los últimos años.

La guardia pretoriana de Augusto no solamente protegería al emperador sino también a su familia y a las instituciones y edificios del imperio.

Seguramente esta decisión también estuvo influida por el asesinato de Julio César en las escaleras del Senado, algo que no pudo evitar su guardia personal.

Augustó reclutó un gran cuerpo de guardia pretoriana de entre todas las legiones.

El comandante fue designado directamente por el emperador y adoptó el cargo de prefecto del pretorio, cargo militar que poco a poco se fue politizando hasta que estos prefectos se convirtieron prácticamente en los primeros ministros del emperador.

A pesar de todo, Augusto mantuvo ciertos aspectos para no defraudar los principios de la República de Roma y descentralizó el cuerpo de pretorianos para que no pudieran organizarse de forma interna.

Limitó el número de pretorianos y  solamente un tercio de ellos se mantenían activos  dentro de la propia ciudad de Roma aunque no acuartelados, una norma de Roma que no podía romperse.

Éstos eran los encargados de vigilar el palacio imperial y los edificios importantes de Roma y, el resto, patrullaban pueblos cercanos.

De esta forma, era muy difícil que los pretorianos llegaran a convertirse en una amenaza para el propio Augusto y para Roma.

Además del cuerpo de infantería, también se creó un cuerpo de caballería pretoriano, los turmae, jinetes escogidos de entre los mejores del ejército romano. Las iniciales tres unidades por cohorte acabaron ampliándose a diez en el siglo III d.C.

Sin embargo, a la muerte de Augusto todo cambió pues los pretorianos comenzaron a aprovechar su fuerza para ejercer funciones políticas.

El prefecto Sejano convenció al emperador Tiberio para situar el campamento de los pretorianos justo a las afueras de Roma unificando a todas las unidades con la excusa de estar siempre a disposición del emperador si éste así lo deseaba.

Tiberio, paranoico e inseguro, aceptó de buen grado este cambio y mandó construir el castra praetoria, el campamento de los pretorianos.

Sejano también consiguió que siempre hubiera un cuerpo de guardia en el palacio imperial. El emperador controlaría directamente a los pretorianos pero éstos aprovecharon para conseguir poder.

El ascenso de los pretorianos

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Los pretorianos se convirtieron entonces en algo muy parecido a unos mercenarios fácilmente sobornables o que simplemente actuaban según su voluntad sin límites de ninguna clase.

El mejor ejemplo del poder y el peligro que los pretorianos suponían en Roma es el hecho de que decidieran asesinar al emperador Calígula y que ellos mismos designaran como su sucesor a Claudio, amenazando al Senado en el caso de que se opusieran a esa elección.

En algunas ocasiones, los emperadores castigaron los excesos de los pretorianos.

Por ejemplo, en el año 69 Tito Flavio Vespasiano eliminó a varios pretorianos y después, nombró a su propio hijo como prefecto del pretorio para ejercer un mayor control.

A finales del siglo II d.C. los pretorianos, tras asesinar al emperador Pértinax, sucesor de Cómodo, subastaron el trono imperial al mejor postor para conseguir una enorme cantidad de dinero a cambio.

Un tal Didio Juliano lo compró, asegurándoles además que les daría mayor libertad de acción, y los propios pretorianos lo escoltaron hasta el palacio imperial.

Septimio Severo, proclamado emperador por las legiones en Iliria, tuvo que marchar hacia Roma donde apresó a los pretorianos al negarse éstos a jurarle fidelidad.

Les perdonó la vida pero los expulsó de Roma, repartiéndolos en distintos frentes del Imperio.

Desde ese momento, se decidió reclutar a los pretorianos de entre las legiones de frontera, acabando con la selección de reclutas directamente desde la vida civil.

De esta forma, se pretendía recompensar los servicios de los legionarios en activo.

Condiciones para ser pretoriano

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El primer paso para pertenecer a la guardia pretoriana era superar las pruebas iniciales de ingreso al ejército. Además, tenían que pertenecer a una familia de la aristocracia, es decir, ser hijos de senadores o patricios.

En su defecto, debían contar con muy buenas recomendaciones dentro del ejército y por parte del personal del mismo.

Los aspirantes a pretorianos solían ser jóvenes voluntarios civiles de entre 17 a 20 años, con muy buena forma física y una estatura como mínimo de 1,75 metros.

Los primeros reclutas eran itálicos pero con el tiempo, se recurrió también a hispanos, macedonios, dálmatas y otros pueblos aunque la mayoría siempre procederán de la Península Itálica.

Cuando se presentaban frente al prefecto del pretorio, se comprobaba que en efecto fueran ciudadanos romanos y se les enviaba al castra praetoria para que comenzaran su entrenamiento.

Una vez superado, se incorporaban a las funciones básicas de los pretorianos: proteger al emperador y patrullar el palacio imperial.

En ocasiones, los pretorianos podían realizar otro tipo de tareas como ejercer de guardias de honor en ceremonias tales como la salida o entrada del emperador en Roma, la recepción de embajadores o mandatarios extranjeros o el cumpleaños del emperador.

También podían ser requeridos para ayudar en la extinción de incendios. Reprimían rebeliones de la ciudadanía e investigaban en busca de conjuras contra el emperador.

Hacían guardia durante los espectáculos públicos y al parecer,  podían participar en ellos  si se les requería: Claudio ordenó a sus guardias pretorianos que se encargaran de masacrar fieras procedentes de África en un espectáculo en el Circo Máximo.

Dentro de los pretorianos, se distinguían los Speculatores Sugusti, aquellos que protegían directamente al emperador en todo momento, rodeándole y encargándose de su bienestar.

Eran comandados por un centurión especial, el Centurio Speculatorum, el más prestigioso y hábil de todos los comandantes.

La característica que diferenciaba a estos pretorianos de los demás era el uso de unas caligae, sandalias, distintas de los demás.

Las ventajas de ser pretoriano

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Pertenecer al cuerpo de pretorianos significaba disfrutar de muchas ventajas que pocos romanos disfrutaban más allá del honor que suponía ser protectores del emperador.

Su sueldo era el más alto de todo el ejército romano, cobrando hasta 3 veces más que un legionario.

Además, los emperadores solían darles dinero extra en ocasiones especiales como la victoria en una campaña, el ascenso al poder y cualquier otro tipo de celebración especial que pudiera acontecer.

Por ejemplo, el emperador Augustó dejó escrito en su testamento que se dieran 1000 sestercios a cada pretoriano frente a los 300 que dejó para cada legionario.

Además de esto, muchos emperadores les entregaban grandes sumas de dinero nada más acceder al poder para así ganarse su fidelidad.

Los pretorianos tan sólo se asemejaban en una cosa a los legionarios: en que no podían disponer libremente de todos sus ingresos, ya que una parte iba a parar a las arcas de la unidad a la que pertenecían, tanto los sueldos como los donativos extras.

Cuando se licenciaban, al cabo de 16 años de servicio, se les devolvían las cantidades depositadas.

Pero no se acaban ahí las ventajas de los pretorianos.

Al vivir en el campamento, no tenían que pagar por el trigo, cuyo precio sí se deducía del sueldo de los legionarios.

Tampoco tenían que comprar sus propias armas y aquellos que pertenecían a la caballería, no tenían que aportar un caballo ni pagar su manutención.

 Además de estas ventajas económicas, también tenían beneficios judiciales .

Podían ser procesados dentro de su propio campamento sin pasar por el deshonor de un juicio público y, además, sus procedimientos judiciales se llevaban a cabo con más rapidez cuando eran los propios pretorianos los que demandaban a alguien.

En contra, tenían prohibido casarse de forma legal mientras sirvieran en la guardia pretoriana, lo que no quiere decir que no pudieran disfrutar de la compañía de mujeres.

Los pretorianos estaban exentos de realizar tareas domésticas y además, vivían en Roma, un lugar mucho más cómodo que un campamento fronterizo.

El emperador  les tenía en mucha más estima  que a los legionarios, lo que se traducía en un mejor trato.

Cuando se retiraban tras 16 años de servicio (frente a los 25 de un legionario), se les daban tierras fértiles libres del pago de impuestos o una cantidad de dinero para que la emplearan en lo que quisieran.

Por último, disfrutarían también del respeto y del reconocimiento social de los demás allá donde decidieran asentarse o en sus lugares de origen.

El uniforme de los pretorianos

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El uniforme de los pretorianos dependía de si se encontraban en batalla o no, no destacándose demasiado del equipo del resto de soldados romanos.

A diario solían llevar el clásico uniforme de la época republicana consistente en un casco de bronce, una cota de malla y el clásico escudo ovalado.

Esta medida la adoptó Augusto para evitar que la gente temiera la muerte de la República y sus valores y se sublevara.

El emperador Nerón, fiel a su excentricidad, los vestía con el pesado equipo de los hoplitas griegos. Cuando hacían guardia en lugares en los que no estaba permitido portar armas, vestían túnica y toga y ocultaban la espada bajo la vestimenta.

En general, a la hora de entrar en batalla, llevaban exactamente lo mismo que los legionarios, algo lógico teniendo en cuenta que la técnica de combate era la misma.

  • Casco: se trataba de un casco sencillo con cubrenucas que evolucionó hacia el modelo con penacho hasta que a finales del siglo II d.C. se popularizó un casco parecido al gorro frigio.
  • Coraza: llevaban cota de malla aunque algunos podían llegar a portar una casaca de cuero endurecido recubierto de escamas metálicas.
  • Grebas: placas metálicas que cubrían las espinillas.
  • Escudo: solían ser rectangulares, ya fueran planos o abombados.

En el campo de batalla, los pretorianos se distinguían de los legionarios por los símbolos que portaban. Éstos podían ser el rayo alado, la luna y las estrellas o el escorpión, signo del Zodíaco del emperador Tiberio.

Los pretorianos adoptaron este símbolo para honrar a Tiberio ya que había mandado construir para ellos el castra praetorium. Sus portaestandartes siempre llevaban enseñas con la efigie del emperador y se cubrían con una piel de león.

La organización de los pretorianos

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Existían varios rangos dentro de la guardia pretoriana:

  • Emperador: era el comandante en jefe de los pretorianos y delegaba todas sus funciones al prefecto.
  • Prefecto: era el rango mayor dentro de los pretorianos y su líder. Era el hombre de mayor confianza del emperador y era ajeno a las órdenes de cualquier otro militar fuera cual fuera su rango. Llegó a convertirse en la máxima autoridad judicial de Roma y en la segunda persona más importante del imperio después del propio emperador.
  • Procurador: este rango desciende de la clase ecuestre y está relacionada con el ámbito financiero, algo parecido a un gobernador.
  • Tribuno: estaba al mando de una cohorte en el momento de la fundación de la guardia pretoriana aunque resultó no ser una medida demasiado eficaz a pesar de mantener la descentralización que Augusto quería.
  • Centurión: se escogían de entre los soldados de las legiones para formar parte de la guardia pretoriana. Era el puesto que quería ocupar prácticamente cualquier soldado romano.
  • Evocati: eran los que deberían jubilarse tras 16 años de servicio pero que elegían seguir sirviendo como pretorianos en la guardia.
  • Principales: eran legionarios con conocimientos y funciones administrativas. Podían ser centuriones secundarios o secretarios del prefecto.
  • Signifer: era el encargado de llevar el estandarte, su cargo estaba imbuido de honor y prestigio.
  • Inmumes: se trataba de los pretorianos que habían servido durante 5 años y por ello se les permitía pasar a formar parte de la caballería o a servir como agentes especiales o speculatores, esto es, los encargados del espionaje y la exploración. También podían realizar tareas administrativas o asistir al tribuno como secretarios o guardaespaldas.
  • Milites: soldados regulares sin ningún tipo de rango.
  • Probatus: los aspirantes a pretorianos que se encontraban en periodo de prueba.

La decadencia de los pretorianos

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La caída del poder de los pretorianos comenzó bajo el imperio de Diocleciano, quien trasladó la corte real a Nicomedia en el año 284 eliminando así cualquier función que la guardia pudiera tener en el palacio imperial.

Además, el emperador sustituyó su escolta de pretorianos por dos cuerpos de soldados llamados jovianos y herculanos en honor a Júpiter y Hércules respectivamente.

En el año 305, los castra praetoria se habían convertido en unos terrenos para operaciones militares, perdiendo su papel como campamentos de los pretorianos.

A principios del siglo IV d.C.,  César Flavio Valerio Severo trató de suprimir el cuerpo de pretorianos  pero éstos se rebelaron y se unieron a las fuerzas de Majencio, quien había sido ignorado en la línea de sucesión imperial.

Constantino derrotó a Majencio y a los pretorianos en el año 312 y se deshizo de ellos disgregándolos en distintas partes del imperio.

Los castra praetoria fueron demolidos, dando fin así al reinado de los pretorianos, quienes habían tenido poder en Roma durante tres siglos.

A pesar de la mala fama actual de los pretorianos, relacionados con la corrupción, el asesinato, la traición y el abuso de poder, durante la primera mitad de su “reinado” contribuyeron a mantener la pax romana mediante la eliminación de emperadores considerados perjudiciales para el Imperio por su crueldad e inutilidad.

La decadencia de la pax romana no fue consecuencia de la corrupción de los pretorianos sino que fueron dos hechos que se dieron a la par, según afirman algunos investigadores.

Vídeo sobre el ejercito romano

Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.