Los maoríes

Nombre: Maoríes
Lugar: Nueva Zelanda
Época: Edad Moderna
Arma favorita: Maza corta
Características: Tribu migratoria procedente de Polinesia o Hawai

El resurgimiento de la cultura maorí en Nueva Zelanda ha hecho que estos antiguos guerreros sean cada vez más conocidos en los últimos tiempos.

Además de sus llamativos tatuajes y el haka, su inconfundible danza guerrera, los maoríes tenían un profundo sentido del grupo que les hacía no necesitar grandes tácticas y estrategias para vencer a sus enemigos.

Feroces y orgullosos, los maoríes sorprendieron a los europeos en el siglo XVI y hoy día sus herederos nos siguen sorprendiendo con los distintos aspectos de su cultura. Hoy día aún hay maestros que instruyen en el manejo de las armas tradicionales.

El origen de los maoríes

La tradición nos cuenta que los maoríes ya vivían en Nueva Zelanda cuando llegaron allí los aventureros europeos. Se cree que se establecieron en la isla entre los siglos IX y XIV; antes de eso, habitaban en las islas de la Polinesia oriental (quizá Hawai).

Aún existen leyendas en la tradición maorí que hablan de cómo sus antepasados llegaron a la nueva tierra cruzando el océano en siete canoas que darían lugar a las siete tribus originarias de los maoríes.

La arqueología confirma estos hechos ya que no se han encontrado aún indicios de poblamiento humano antes del siglo IX.

Además, los estudios antropológicos de la lengua y cultura maorí hacen suponer que realmente su procedencia se encuentra en la Polinesia oriental.

La mitología maorí habla de esa tierra legendaria como Hawaiki.

Los maoríes tuvieron que adaptarse al nuevo entorno: antes formaban parte de un pueblo marino y vivían en un clima tropical y al llegar a Nueva Zelanda, pasaron a un clima templado y tuvieron que convertirse en cazadores.

Su llegada a esta zona supuso  la extinción del pájaro moa , autóctono de Nueva Zelanda y con un bajo nivel reproductivo, y lo mismo ocurrió con otras aves.

Fue entonces cuando se convirtieron en un pueblo de agricultores.

La organización social era aristocrática: existían siete grandes tribus cuyos antepasados eran los navegantes míticos de las siete canoas, y estas tribus a su vez se dividían en otras secundarias que se repartían en familias -hapu-.

El jefe de la tribu, el ariki, era descendiente de un antepasado noble y cuanto más antiguo era su árbol genealógico, más grande era su prestigio.

Estos jefes de la tribu no solamente ostentaban el poder político sino también el religioso y el económico: además, conocían la historia y leyendas de su pueblo, instruía a los jóvenes, interpretaba los signos de los dioses, etc.

Sin embargo, no tenían todo el poder de decisión especialmente en asuntos que afectaban a toda la tribu, asuntos que se resolvían y decidían en la asamblea en la marae o centro de reuniones.

La clase media estaba formada por los nobles, los nga tutua, principalmente los guerreros de la tribu y por debajo de ellos se encontraban los esclavos, nga taure kareka, meros objetos que podían ser usados por cualquiera a capricho.

Los europeos conocen a los maoríes

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A mediados del siglo XVI llegaron los primeros europeos a Nueva Zelanda, en concreto Juan Sebastián Elcano. Más tarde, sería Juan Fernández quien llegaría hasta allí bajo órdenes del Virreinato de Perú. En los siglos sucesivos, otros europeos conocerían a los maoríes como Abel Tasman (1642) y James Cook (1769).

Todos los relatos relativos al descubrimiento de los maoríes los describen como guerreros feroces y orgullosos. Los europeos, además, fueron testigos de las guerras entre tribus de esta época que acaba con guerreros esclavizando a los vencidos o incluso comiéndoselos.

Ya en el siglo XIX existían al menos 2.000 europeos conviviendo con los maoríes. Este contacto supuso la adquisición de mosquetes por parte de los guerreros maoríes y por tanto, un desequilibrio en las guerras tribales.

Se desató entonces la Guerra de los Mosquetes que  supuso el exterminio total de varias tribus maoríes  y el desplazamiento de otras fuera de su territorio habitual.

Además, muchos maoríes murieron en enfrentamientos con colonizadores (se estima que un 10% aproximadamente) además de los que fueron esclavizados.

Un gran número de europeos secuestraron a mujeres maoríes para llevárselas consigo. Finalmente, en 1840, Nueva Zelanda pasó a ser formalmente colonia de la Corona Británica mediante el Tratado de Waitangi, que hoy día aún es discutido por diferencias de interpretación entre los ingleses y los maoríes.

Los guerreros maoríes

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Los guerreros formaban parte de la clase media en la sociedad maorí. Vivían en constante alerta sin poder bajar jamás la guardia ya que el factor sorpresa era una estrategia muy utilizada en las guerras entre tribus.

Además, cuando una tribu era atacada, debía devolver el golpe para restablecer el mana, el equilibrio, y vengar la humillación sufrida, por lo que era prácticamente imposible que existieran períodos de paz total.

La estrategia guerrera de los maoríes se basaban en la emboscada, los amagos de ataque y las falsas retiradas, todo eso antes de la introducción de los mosquetes gracias a los europeos.

 Estas tácticas podían llegar a ser muy ingeniosas  y era muy raro que se dieran batallas abiertas cuerpo a cuerpo. Los guerreros se organizaban en unidades llamadas hapu.

No tenían el mismo sentido de la disciplina que en los ejércitos actuales ni tampoco los jefes eran realmente comandantes.

No había sanciones para aquellos que desertaran y los jefes se encargaban más de liderar a insuflar valor y coraje que de dar instrucciones estratégicas a sus hombres para alcanzar la victoria.

El hecho de que no existiera una disciplina ni órdenes claras hacían que los guerreros tuvieran que estar muy unidos física y espiritualmente para llegar al éxito.

Los hapu eran como pequeñas familias e incluso aunque se unieran varios hapu para enfrentarse al enemigo, cada uno seguía obedeciendo tan sólo a su jefe y tenían independencia.

Antes de partir a una expedición, los guerreros se sometían a los auspicios del sacerdote, el tohunga. Éste clavaba en el suelo tantos palos como jefes y guerreros habían en el grupo y según los que cayeran con la brisa nocturna, se determinaban el resultado.

Otra de las ceremonias de los guerreros maoríes  era el rapado de la cabeza  y también se abstenían de tomar determinados alimentos.

Hombres y mujeres se reunían para lanzar fervientes discursos, para cantar himnos guerreros y para bailar con energía, elevando así la excitación guerrera de todos.

Era la ocasión ideal para que el jefe se hiciera desde el principio con el apoyo de la tribu. Si era necesario, se podían enviar peticiones de ayuda a los aliados, quienes podían aceptarla o no, algo que dependía únicamente de una cuestión de amabilidad ya que no se trataba de pactos.

La hora favorita para atacar era el atardecer ya que la noche favorecía el no ser vistos y pillar por sorpresa a los enemigos.

Si había lluvia y niebla, se consideraban signos propicios, y si cualquiera se cruzaba en el camino del hapu, había que matarlo. Se solían enviar exploradores para vigilar a los enemigos y si descubrían que éstos ya estaban preparados esperándoles, se posponía el ataque.

Los poblados maoríes solían estar vigilados por centinelas que cantaban y golpeaban los pahau (gong de madera).

En el momento en que se producía el silencio quería decir que había problemas. Al igual que sucedía con los desertores, tampoco había castigos para los centinelas que se quedaran dormidos.

En ocasiones podían darse combates singulares entre los jefes de un bando y de otro. Normalmente si uno de ellos caía, sus hombres se batían en retirada y no había batalla, la cual ya había quedado decidida en el combate de los jefes.

El canibalismo era habitual entre los guerreros maoríes y de hecho, la carne humana era una parte importante de los suministros de los hapu.

Los cuerpos se cortaban con piezas de obsidiana y  se cocinaban sobre piedras calientes  situadas sobre hogueras encendidas en hoyos en el suelo.

Muchas veces, la carne, una vez deshuesada, se almacenaba para que se conservara más tiempo.

Los prisioneros eran mantenidos vivos y atados con cuerdas de lino en espera del momento de ser sacrificados.

Sabías que...
Este canibalismo era practicado únicamente en momentos de guerra; en días de paz era muy raro que los maoríes consumieran carne humana a no ser que se tratara de un período de hambruna o que hubiera que agasajar a huéspedes importantes.

Seguramente habría una alta mortalidad a pesar de que pocas veces se dieran batallas cuerpo a cuerpo. El momento en el que uno de los dos bandos huía, el otro aprovechaba para capturar y matar a todos los que podían.

Los huesos de los muertos solían recogerse y usarse para fabricar flautas, anzuelos de pesca, anillos o agujas. Las cabezas se colocaban sobre un poste o se usaban para jugar a modo de balón; si pertenecían a un jefe, familiar o amigo, se llevaban al hogar y se conservaban.

Las armas de los guerreros maoríes

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Las armas de los maoríes eran de una gran sencillez pero también muy eficaces. Principalmente usaban dos armas:

  • Maza corta (patu): tenía forma de espátula con los bordes y la punta afilados y se usaba principalmente para golpear con fuerza al enemigo, resultado un arma sorprendentemente eficaz. La más apreciada se fabricaba con jade verde, en cuyo caso se le daba el nombre de mere. Si era de basalto se llamaba patu onewa, si era de hueso de ballena se llamaba patu paraoa y si era de madera, patuki. También había algunos fabricados en hierro llamados patu pora.
  • Venablo (taiaha o hani): era una especie de lanza de metro y medio a dos metros fabricada en madera dura o también en hueso de ballena. Era la que llevaban los guerreros cuando ejecutaban la haka y actualmente aparece en el escudo de armas del ejército de Nueva Zelanda y en el escudo oficial del país. Tradicionalmente, los niños aprendían su manejo desde corta edad.
  • Wahaika: se trata de una porra plana hecha de madera o hueso de ballena que se usaba para desarmar al enemigo o bien para golpearlo en un enfrentamiento cara a cara.
  • Pouwhenua: son postes de madera tallados usados como marcadores territoriales pero también bastones de lucha usados para golpear. Solían decorarse con una cabeza humana tallada en la madera.
  • Tewhatewha: es un hacha de mango largo que aún hoy se usa aunque solamente de forma ceremonial. Solían decorarse con plumas de paloma o halcón.
  • Kotiate: es una maza plana hecha de madera o hueso de ballena que básicamente servía para cortar el hígado propinando un golpe lateral usando el canto del arma.

Los guerreros tenían ocasión de demostrar su pericia con las armas en una ceremonia llamada wero, un desafío ritual.

En el wero, un guerrero seleccionado golpeaba a enemigos invisibles ante los visitantes y también derribaba pies que no se veían.

Después, entregaba un taki, un símbolo de paz, que los visitantes recogían antes de seguir con otras ceremonias de bienvenida.

Existen aún maestros que enseñan a manejar estas armas tanto a hombres como a mujeres, en especial el taiaha.

Sus métodos y filosofías se remontan siglos atrás a través de líneas de sucesión ininterrumpidas. Antiguamente estas artes eran enseñadas también a los niños junto a la lucha cuerpo a cuerpo y el boxeo, preparándolos para ser guerreros.

Para los guerreros maoríes las armas eran mucho más que herramientas de ataque y defensa: eran tesoros que incluso pasaban de generación en generación.

Tradicionalmente, un taiaha podía tardar meses en fabricarse y decorarse y un patu, al menos un año. Es la muestra de  la dedicación y el orgullo puestos en cada arma que se fabricaba ; en ocasiones, se lanzaban encantamientos (karakia) y hechizos sobre ellas para darles carácter sagrado.

Los tatuajes de los guerreros maoríes: el moko

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Los guerreros usaban el moko, el tatuaje facial, no sólo para señalar a qué clan pertenecían sino también para contar su propia historia.

Cada signo simbolizaba una gran hazaña en su historia personal. Las mujeres de los guerreros se tatuaban el mentón para indicar que estaban ligadas a un luchador.

El tatuador, llamado Tohunga tā moko, era considerado alguien inviolable y sagrado, lo que nos da una idea de la sacralidad y la importancia del tatuaje para los maoríes, algo que iba mucho más allá de la mera estética.

De hecho,  el acto de tatuarse formada parte de los rituales  que tenían lugar en el paso de la adolescencia a la madurez.

Originalmente, los tatuadores usaban unos cinceles fabricados con huesos de albatros y que se aplicaban con un mazo sobre la piel.

Los pigmentos se obtenían de un hongo obtenido de larvas de polillas y de tizones quemados. Para aglutinar estos productos, se usaban una sustancia segregada por el cauri, un tipo de conífera.

El resultado de estas mezclas se guardaban en unas vasijas ornamentadas que se pasaban de generación en generación.

Los tatuadores siempre eran hombres aunque a principios del siglo XX comenzaron a aparecer algunas mujeres que también se encargaban de tatuar.

Existe otro antecedente procedente de 1830 aproximadamente durante el cual se vio a una mujer prisionera de guerra tatuar por completo la espalda de la esposa de un jefe guerrero.

La danza de los guerreros maoríes: la haka

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Los guerreros, además, tienen un gran protagonismo en la cultura maorí.

Los cantos épicos y narrativos gozan de una gran popularidad hoy día así como la haka, el baile nacional que no precisa de música ya que el ritmo se marca dando palmas y golpeando el suelo con los pies.

Esta danza tan impetuosa tenía como objetivo atemorizar al adversario e infundir valor en los guerreros y hoy día aún  lo ejecutan los jugadores del conocido equipo de rugby neozelandés All Blacks  antes de cada partido.

También se baila en ceremonias de recepción a visitantes extranjeros como muestra de la cultura maorí.

La haka además enviaba un mensaje claro a los enemigos, a los que se miraba a los ojos y con fiereza mientras se repetían de forma agresiva estas palabras: “ven a mí, mira mis ojos, estoy esperándote, no tengo miedo de tí”.

Estos cantos, golpes con los pies en el suelo y palmas se acompañaban de expresiones faciales amenazantes, finalizando con un decidido paso al frente, alargando la lanza (actualmente sólo el brazo) y sacando la lengua.

Al no llevar armas, la danza actual ha adoptado el nombre de haka tapahari, haka sin armas.

Según la tradición maorí, el creador de la haka fue el dios Tane-rore, hijo de Hine-ramuti, la diosa del verano, y Tama-nui-a-ra, el Dios Sol. Tane-rore es el temblor del aire que aparece en verano debido al calor y es representado en el temblor de las manos en la danza.

Tu, el dios del guerrero maorí

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Los maoríes tienen una amplia mitología mediante la cual explican el origen del mundo y todo lo que les rodea, al igual que prácticamente todas las civilizaciones que existen y existieron.

Según su tradición el mundo se creó cuando Rangi, el dios del Cielo, se unió a Papa, la diosa tierra.

De esta unión surgieron los elementos naturales como los árboles, los ríos o las montañas y también 70 dioses menores que permanecieron protegidos por el abrazo de sus padres hasta que decidieron separarse de ellos.

Entre estos 70 dioses encontramos a Tu, el dios de la guerra, el más valiente de todos los hijos de Rangi y Papa y el que propuso matar a sus padres para ser libres.

Sin embargo, la solución propuesta por la mayoría de los dioses fue aceptada: separar a Rangi y a Papa para ver la luz pero sin acabar con sus vidas.

Tu fue el único de sus hermanos que logró contener la ira de Tāwhirimātea, el dios de las tormentas, uno de los 70 dioses que, apenado y furioso por la separación de sus padres, arremetió contra el resto de sus hermanos.

Tras esto, Tu decide vengarse de sus hermanos por no haberle apoyado en su propuesta de matar a sus padres y acaba comiéndoselos a todos excepto a Tāwhirimātea, quien hoy sigue atacando a los humanos mediante sus tormentas y huracanes.

Los descendientes de Tu son los hombres, quienes aprendieron a sobrevivir gracias a los actos de este dios: sabían cazar aves ya que Tu cazó a los hijos de su hermano Tane, dios de las aves; sabían pescar ya que Tu pescó a los hijos de Tangaroa, dios de los peces; sabían cultivar y cosechar ya que Tu hizo lo propio con los hijos de Rongo and Haumia-tiketike.

El ejemplo de Tu rebelándose contra sus hermanos y acabando con ellos fue lo que hizo que la humanidad aprendiera el arte de la guerra. Por este motivo, Tu era invocado antes de la batalla y también cuando se iniciaba a un niño en las artes guerreras. El cuerpo del primer guerrero caído en la batalla era ofrendado a Tu.

Tu recibe muchos nombres derivados de la victoria sobre sus hermanos:

  • Tukariri (Tu, el furioso)
  • Tukanguha (Tu, el guerrero fiero)
  • Tukaitaua (Tu, el destructor de ejércitos)
  • Tuwhakaheketangata (Tu, el asesino de personalidades)
  • Tumatawhaiti (Tu, el astuto)
  • Tumatauenga (Tu, el del rostro furioso)

Tu recibía sacrificios de los guerreros que se disponían a marchar hacia la batalla. Solía tratarse de sacrificios humanos pero en ocasiones también podía tratarse de perros. Algunos antropólogos cuentan que el corazón el perro se cocinaba era ingerido por los sacerdotes una vez que se había aplacado a Tu.

Como curiosidad, el nombre maorí del actual ejército de Nueva Zelanda, Ngāti Tūmatauenga, quiere decir “la tribu de Tu, el del rostro furioso”.
 
 
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Vídeo sobre los maoríes

Si quieres saber más información sobre los guerreros maoríes no lo dudes y mira el vídeo que te dejamos a continuación donde ampliarás información acerca de ellos y sus danzas tribales:
 

Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.