Los caballeros templarios

Nombre: Caballeros templarios
Lugar: Jerusalén
Época: Edad Media
Arma favorita: Espada
Características: Manto blanco y cruz de malla
La historia de los caballeros templarios siempre ha estado llena de misterios incluso en nuestros días. A través de este artículo vamos a tratar de esclarecer algunos de ellos.

Es la orden militar más grande y poderosa que hubo durante la Edad Media. Los caballeros templarios surgieron como unos guardias y protectores de los cristianos peregrinos que querían alcanzar la Ciudad Santa. La orden estuvo activa durante dos siglos.

Los pobres caballeros de Cristo de la Orden del Temple no solamente lograron tener una gran influencia en Tierra Santa en su lucha contra los musulmanes, sino que además fueron grandes banqueros, lo que acabó por despertar recelos entre reyes y papas y les abocó a la perdición.

La fundación de la Orden del Temple

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En la primavera de 1118, Jerusalén estaba en manos cristianas y seguía recibiendo a cientos de peregrinos.

Estos peregrinos afrontaban largos viajes a través de casi medio mundo por una geografía difícil de asumir y además, amenazados constantemente por grupos de turcos que no se daban por vencidos y atacaban a los cristianos que encontraban en los caminos.

Los monjes hospitalarias asistían y protegían a los peregrinos pero esto no era suficiente y muchos morían antes de llegar a la Ciudad Santa.

Sin embargo, algunos nobles permanecieron en la zona para tratar de proteger a los peregrinos. Uno de ellos fue Hugo de Payns, un noble francés que se cree que participó en la Primera Cruzada.

Su vocación hacia las armas y su profunda convicción religiosa  le hizo concebir una nueva orden monástica que combinara ambos aspectos : daría asistencia religiosa al peregrino pero también defendería los Santos Lugares mediante el uso de las armas si era necesario.

Hugo de Payns logró reclutar a ocho compañeros formados en las armas pero también con creencias cristianas; todos ellos habían participado en la toma de Jerusalén liderada por Godofredo de Bouillon.

Fueron ante el rey Balduino IV de Jerusalén, quien les concedió el espacio de la Mezquita de al-Aksa, en el Monte del Templo, de donde tomaron el nombre de caballeros del Templo del Rey Salomón (antes, Pobres Caballeros de Cristo).

El Patriarca de Jerusalén les concedió la regla benedictina.

Sin embargo, Hugo de Payns quería conseguir más atribuciones para que su orden fuera reconocida como una institución por todo el mundo cristiano.

Uno de sus compañeros era pariente de Bernardo de Claraval, uno de los impulsores de la Cruzada, y Hugo le presentó la orden como una forma de defender a los peregrinos de todo mal.

No se buscaba el derramamiento de sangre sino que se asumía como daño colateral ante la prioridad de proteger a los peregrinos cristianos.

En el año 1128, en una asamblea del Císter, Bernardo de Claraval consiguió la aceptación y regularización de la Orden del Temple.

Pronto muchas familias nobles quisieron enviar a sus hijos a la “Milicia de Cristo” para satisfacer así ambos aspectos: el militar y el religioso. Además, era una buena ocasión para hacer fortuna ya que no había demasiados cristianos en la Ciudad Santa.

La Orden del temple recibió numerosas donaciones por parte de los nobles, lo que originó que más tarde se convirtieran en la banca más importante de Europa.

La Orden del Temple tuvo mucho éxito durante las Cruzadas pero cuando Tierra Santa volvió a caer en manos de los musulmanes, comenzaron a decaer.

Además, su carácter mistérico e iniciático generó rumores y desconfianzas hasta que Felipe IV de Francia comenzó a presionar al Papa Clemente V para que tomara medidas contra ellos.

En 1307, muchos templarios fueron apresados, torturados, condenados y ejecutados en la hoguera. Finalmente, en 1312, el Papa Clemente V disolvió la orden.

Los votos de los caballeros templarios

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Al igual que el resto de monjes de la regla benedictina, los caballeros templarios juraban los votos de pobreza, castidad y obediencia, a los que además  añadían un cuarto voto : defender y conservar Tierra Santa a costa de su vida si era necesario. Compartían este cuarto voto con los cruzados con la diferencia de que para los templarios, era para siempre.

  • Pobreza: a pesar de este voto, los caballeros templarios podían poseer tierras y además, recibir diezmos por ellas. Esta característica resultaba muy atractiva para los nobles ya que aunque hacían el voto de pobreza, podían tener tierras y servidumbre.
  • Castidad: este voto era habitual en todas la órdenes monásticas. La mujer era vista como una tentación, culpable del pecado de Eva. Llegaba hasta tal punto que los caballeros templarios tenían prohibido incluso besar a su madre. Es más: no podían mirar el rostro de ninguna mujer a menos que estuviera plenamente justificado. A pesar de esto, muchos nobles casados y con hijos entraron a formar parte de la Orden del Temple, dejando a sus familias viviendo en una casa próxima a la que ocupaban ellos.
  • Obediencia: los caballeros templarios debían acatar todo lo que su superior les ordenara ya que se consideraba el representante de Cristo en la comunidad. En este caso, debían obedecer al Maestre de Jerusalén.

La jerarquía de los caballeros templarios

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Dentro de la Orden del Temple había cuatro ramas jerárquicas. En ellas, no se atendía a la procedencia social del caballero. Las decisiones siempre se tomaban de forma democrática por el Capítulo por votación de la mayoría.

Dirigentes

  1. Maestre: era la autoridad máxima. Debía acatar las decisiones papales y respetar las sugerencias de obispos y reyes.
  2. Senescal: sustituía al Maestre cuando éste estaba ausente. Sus funciones eran básicamente administrativas ya que en el campo de batalla, el Maestre era sustituido por el mariscal.
  3. Tesorero: era el encargado de administrar los bienes de la orden. También era jefe de la marina, custodio de la Vera Cruz en las batallas y quien organizaba la protección de los peregrinos.
  4. Vestiario: era el encargado de los uniformes y también de escuderos y sirvientes.
  5. Comendadores territoriales: había uno en Palestina (Acre) y Siria (Antioquía). Gestionaban los castillos de su región y recibían las donaciones de sus provincias. También mantenían las casas y los monasterios.

Clases sacerdotales

El abad del Temple: era la máxima autoridad. Vivía en Jerusalén y era independiente de la rama militar. Los miembros de las clases sacerdotales eran los más cultos dentro de la orden del Temple.

La mayoría de ellos habían estudiado bien en la universidad, bien en escuelas catedralicias o monásticas. Era la mayor diferencia que tenían respecto a la clase militar, donde muchos de sus miembros podían llegar a ser analfabetos.

Entre los sacerdotes se encontraban los capellanes, quienes administraban los sacramentos, oficiaban la misa y atendían la espiritualidad del resto de templarios. Mantenían las iglesias y a los fieles que acudían a ellas.

Al tener conocimientos de derecho,  también ejercían como abogados  para defender los intereses de la orden. La mayoría de los pleitos del Temple solían estar relacionados con asuntos económicos derivados de la relación con los señores feudales de los territorios donde se asentaban los templarios.

Clases militares: eran los únicos que podían llevar el manto blanco con la cruz roja cosida en el lado izquierdo del pecho, sobre el corazón. Eran la élite de la orden, lo que se ve en la norma que les permitía tener tres o cuatro caballos que eran repuestos cuando alguno se moría.

Compartían muchos aspectos con los señores feudales: tenían esclavos, tierras, campesinos que las trabajaban… Aunque siempre manteniendo sus votos.

A las órdenes de los caballeros estaban los sargentos, que les servían.

Después estaban los escuderos y por último los sirvientes, que protegían a sus señores en la batalla armados con arcos. También se encargaban de cuidar a los caballos.

Entre los caballeros templarios existían algunos de carácter seglar que se ponían al servicio de la orden pero sin hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Cuerpos auxiliares: dentro de los cuerpos auxiliares se encontraban los hermanos legos o donados, es decir, los hijos bastardos a quienes no se exigía pertenecer a una familia noble.

Hacían promesas y juramentos de pobreza, castidad y obediencia (que no votos) y se dedicaban a realizar las tareas domésticas. También juraban defender la Tierra Santa.

El resto de auxiliares estaba constituído por artesanos, carpinteros y constructores, quienes se encargaban de levantar todo tipo de edificios y que vivían en castillos, conventos y casas de la orden.

Los campesinos que cuidaban las tierras y los animales de los caballeros también estaban incluidos entre los auxiliares.

La vida cotidiana de los caballeros templarios

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La estructura básica de los templarios era la encomienda, una granja o centro de producción donde trabajaban artesanos y agricultores.

Estaba protegida por caballeros y tenían su propia iglesia o capilla. En ocasiones, también tenían un monasterio.

Casi todas las encomiendas tenían fuera de las murallas un hospital y una leprosería.

Las encomiendas formaban una bailía, donde se reunía el capítulo de la región para debatir los asuntos importantes.

Allí era donde se recibía a los nuevos miembros y el lugar en el que se celebraban los ritos de iniciación a los mismos.

Las bailías dependían de las casas regionales y éstas, de las provincias, gobernadas como ya hemos visto por los comendadores territoriales que a su vez, respondían ante el Maestre.

La vida en las casas de la orden estaba centrada en la oración y el trabajo, todo bajo una férrea disciplina y una lógica absoluta donde la arbitrariedad no tenía lugar.

Cada día asistían a los oficios de los que estaban excluidos los heridos en la batalla, los enfermos y quienes tuvieran razones para estar especialmente cansados, algo lógico si tenemos en cuenta que se dedicaban a ir a la batalla.

 Se procuraban mantener las buenas relaciones entre los templarios . Los rumores, las envidias y cualquier acto que pudiera hacer peligrar la convivencia era castigado con severidad.

De hecho, se recomendaba guardar silencio para no caer en banalidades.

Las penalizaciones por las faltas cometidas dependían de las mismas y también de la actitud de quien las hubiera cometido. Si un caballero cometía una falta y la comunicaba voluntariamente, recibiría un castigo más leve que quien la ocultase deliberadamente y fuera descubierto.

Por lo general, los castigos consistían en aislar socialmente al culpable, impidiéndole unirse al resto de caballeros en las tareas comunes. Las faltas graves eran castigadas con bastante más severidad y podían conllevar la expulsión de la orden.

El expulsado pasaba a formar parte de los cistercienses para salvar su alma mediante la penitencia.

Algunas de las faltas que podían provocar la expulsión de la orden eran:

  • Matar a un cristiano
  • Divulgar lo que se hablaba en los Capítulos
  • Cometer sodomía
  • Cometer una herejía o renunciar a la fe
  • Conspirar contra otro hermano
  • Abandonar la casa durante más de días sin notificarlo
  • Huir del campo de batalla

La Orden del Temple tenía mucho prestigio y ser expulsado de ella conlleva también un deshonor. Por eso, muchos ex-miembros recelosos y resentidos comenzaron a crear calumnias y mentiras sobre los templarios para perjudicarlos. Estos actos de venganza fueron los que posteriormente se aprovecharon para acusar a los templarios en Francia.

Otra penalización que seguía en deshonor a la expulsión era la pérdida de la capa, motivo de vergüenza y con connotaciones sociales. Las causas por las que se podía perder la capa eran:

  • Pelear con otro hermano
  • Perder, dejar morir o matar a un esclavo
  • Perder un animal por propia negligencia
  • Mentir sobre uno mismo
  • Herir a un cristiano
  • Romper el voto de castidad con una mujer
  • Amenazar con unirse a los sarracenos
  • Salir de la encomienda de noche para calmar un enfado
  • Prestar un objeto de la orden sin permiso

Debido al voto de pobreza, los templarios no poseían nada. La orden les entregaba todo lo que necesitaban: ropa, sábanas, cubiertos, alforjas… El templario se comprometía a mantener estos objetos cuidados y limpios.

Los templarios que participaban en las batallas recibían también armas, escudo y armadura.

Los templarios acudían a maitines a las cuatro de la madrugada en invierno y a las dos en verano. Tras rezar 13 padrenuestros, acudían a las cuadras para encargarse de los caballos, y tras otro padrenuestro, volvían a sus celdas para dormir hasta el amanecer.

Comían carne tres veces aunque los enfermos tenían permiso para comerla todos los días excepto el viernes en aras de su recuperación. De la misma forma, los enfermos podían ausentarse del rezo de maitines y limitarse a los trece padrenuestros.

Los templarios podían escribir cartas a su familia siempre y cuando tuvieran permiso del Maestre.  Si éste lo solicitaba, el templario tenía que leer la carta en público .

También podían recibir cartas, pero debían comunicárselo al maestre y no alardear de ello delante del resto de hermanos.

Las armas de los caballeros templarios

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Tanto el equipo como el armamento de los templarios fue evolucionando a lo largo de su historia. Al poco de su formación llevaban una cota de mallas y un casco acabado en punta.

Más adelante, se les entregó un escudo alargado y un estandarte. Por último, se añadió calzado de malla y un yelmo cerrado, ya en el siglo XIII.

Las armas que portaban eran una lanza larga, una espada de doble filo, una maza turca con aristas cortantes y un machete de un filo. A esto se añadían además tres tipos de cuchillos.

La táctica militar de los caballeros templarios

Una de las mayores bazas de los templarios en la batalla era la concentración y el autodominio que les permitía alcanzar la victoria en situaciones desfavorables.

 El estar convencidos del apoyo de Dios  junto con una vida ascetismo, sin emociones ni problemas les hacía tener un control total de sí mismos que les infundía una gran valentía.

Sus armaduras y vestimentas eran las justas y necesarias, sin ningún tipo de adorno innecesario ni elementos decorativos; esto les permitía tener una gran libertad de movimientos que se sumaba a la velocidad y fuerza de sus caballos.

Mostraban un frente cerrado y compacto, acercándose a las filas enemigas con calma mientras concentraban sus fuerzas físicas y mentales.

En cuanto sonaba la señal de ataque, se lanzaban de forma impetuosa sobre los enemigos, confiando ciegamente en la protección y apoyo de los hermanos que luchaban a su lado.

Esta confianza derivaba de la propia convivencia de los templarios cuando no estaban en guerra y contrasta con la actitud de la orden en caso de que uno de ellos cayera prisionero: jamás se pagaría un rescate ni se cedería nada a cambio de salvar su vida.

El fin de la Orden del Temple

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La misión de los caballeros templarios se basaba principalmente en dos cosas: proteger a los peregrinos y mantener la posesión de Tierra Santa en manos cristianas.

Cuando Jerusalén pasó a manos musulmanas y cesaron las peregrinaciones, la Orden del Temple pareció perder todo su sentido.

Los templarios trataron de reorganizarse y reconquistar territorios pero no lo consiguieron así que  comenzaron a dedicarse a los negocios y a la banca .

Los templarios comenzaron a acumular enemigos: los señores feudales de los territorios en los que se establecían, órdenes monásticas recelosas por sus privilegios, soberanos que habían donado dinero a la Orden del Temple para una función que no lograron cumplir…

Sin embargo, lo que de verdad hirió de muerte a los templarios fueron las calumnias y rumores que se levantaron contra ellos.

El rey de Francia, Felipe IV, pretendía llenar las arcas reales con los bienes de los caballeros templarios, a pesar de que ya estaba cobrando impuestos a la iglesia y de que no estaba enviando los diezmos a Roma.

Trató de fusionar bajo su mando a todas las órdenes religiosas pero no lo logró debido a las diferencias irreconciliables entre las mismas.

También se presentó como candidato a ocupar el puesto de maestre, sin rechazar por ello al trono de Francia, y por supuesto, fue rechazado.

Tras morir el papa Benedicto XI, protector de los templarios, y llegar Clemente V, comenzaron a aumentar los rumores y maledicencias acerca de la Orden del Temple, supuestamente de boca de alguien a quien un miembro de la orden le contó secretos de la misma.

Pronto llegarían las acusaciones de herejía, traición, sodomía, idolatría, magia y muchas más. Cuando se desvelaron los supuestos secretos del Temple, la gente se los creyó sin más ya que no tenían modo de contrastar la información, dado el carácter hermético y mistérico de la orden.

Jacques de Molay, maestre de la orden en esos momentos, fue llamado a Francia. El cortejo con el que apareció en París, portando joyas, oro y plata, hizo que el pueblo llano sospechara acerca de los “pobres caballeros de Cristo”.

Tanto el rey como el papa trataron de convencer a Molay de que se uniera a los Hospitalarios pero se negó rotundamente, pidiendo además que se investigara todo aquello de lo que se acusaba a los templarios

El 13 de octubre de 1307 todos los templarios fueron encarcelados sin que opusieran resistencia. Se les acusó formalmente de cinco cargos: simonía (tráfico de objetos sagrados), herejía, idolatría, magia y sodomía.

Todo fue manipulado en contra de los templarios: la famosa imagen de dos templarios a caballo que simbolizaba la solidaridad entre hermanos se interpretó directamente como un acto de sodomía.

La Inquisición se ocupó de los interrogatorios y la tortura a los templarios; ésta fue tan terrible que más de una centena confesó lo que se le pedía y seis de ellos no sobrevivieron a los tormentos.

Finalmente 54 templarios fueron quemados vivos en la hoguera el 10 de noviembre. Se procedió a la confiscación de sus bienes, el deseo mayor del rey de Francia, pero jamás pudo hacerse con ellos. Hoy día, aún se desconoce qué ocurrió con el tesoro acumulado por los caballeros templarios.

Documental sobre los caballeros templarios

Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.