Mamelucos, los esclavos guerreros

Nombre: Mamelucos
Lugar: Egipto
Época: Edad Moderna
Arma favorita: Trabuco
Los mamelucos comenzaron siendo esclavos entrenados para hacer la guerra. Gracias a su cohesión y a su destreza guerrera, alcanzaron puestos políticos de tanto poder que acabaron creando dinastías que gobernaron Egipto durante siglos.

Este mismo poder fue el que acabó con el gobierno de los mamelucos cuando Mehmet Alí se cercioró de lo peligrosos que podían llegar a ser para los dirigentes de Egipto.

El origen de los mamelucos

La dinastía samánida en Irán oriental tenía constantes conflictos en la frontera con los turcos paganos de Asia central.

Esta dinastía tiene su origen en el siglo IX, cuando los cuatro nietos del noble iraní Sāmān Jodā fueron recompensados con el gobierno de las ciudades de Samarkanda, Ferganá, Shash y Herat.

A lo largo de los años y tras varios enfrentamientos entre los hermanos y los sucesivos gobernadores de la provincia de Khorasán, Ismail Samani, también conocido como Ismail ibn Ahmad e hijo del último gobernador, asentó el emirato samaní  fundando la dinastía samánida .

Llegó a ser tan autónomo que incluso se permitía el lujo de no enviar la recaudación de impuestos a Bagdag, aprovechando la debilidad del califato.
Los samánidas cumplían una función de protectores del mundo musulmán al proteger a otras regiones de los ataques de las tribus turcas paganas, con las que tenían constantes enfrentamientos.

Enseguida los samánidas aprovecharon estas circunstancias para hacer prisioneros entre los turcos y convertirlos en esclavos.

Algunos de estos esclavos se vendían posteriormente en Bagdag, donde fueron instruidos para formar parte de  la guardia califal .

Estos mamelucos, además de origen turco, tenían también ascendencia eslava o circasiana.

Llegaron a ocupar puestos políticos importantes especialmente en momentos de debilidad de la propia dinastía samánida y también cuando comenzaron a convertirse en el Islam, ya que esto permitía su integración y que no pudieran ser enfrentados contra otros musulmanes.

Pronto esto ocasionó problemas, a lo que se sumaba el hecho de que se tratara de  tropas poco disciplinadas y bastante costosas .

Fue precisamente uno de estos mamelucos, el general Alp Tigin, quien conspiró contra el emir Mansur I, se sublevó y se retiró a la frontera sudeste del emirato, donde se estableció como gobernador semiindependiente.

Sus sucesores fueron construyendo las bases de lo que más tarde sería el Imperio Gaznávida. En los siguientes años, estos gaznavíes junto con los qarajaníes, dinastía turca, se repartieron los territorios de la dinastía samánida.

Sultanes mamelucos en Egipto

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Entre los mamelucos de la guardia califal de Bagdag surgió Ahmad Ibn Tulun, quien logró independizar Egipto y fundó la dinastía de los Tuluníes, de raíces turcas pero seguidores de la fe musulmana.

Ahmad fue enviado a Egipto como regidor provisional durante las guerras civiles de los califatos Al-Mu’tazz y Al-Musta’in.

Allí consolidó su poder hasta llegar a negarse a pagar impuestos a los califas de Bagdag, usando ese dinero para potenciar la economía de su provincia.

Además, trató de reducir la influencia de los cristianos coptos en la administración, aunque no logró este objetivo, dominando los coptos este aspecto hasta el siglo XI.

El gran logro de Ahmad, a pesar de que perdió territorios al final de su mandato, fue conseguir la independencia de Egipto, algo que no se había logrado desde la época del Egipto Ptolemaico.

Hubo varios factores que permitieron que los mamelucos de Egipto lograran tener ese poder. El primero de ellos fue el hecho de que tenían una procedencia similar.

Principalmente venían de Ucrania y Rusia oriental pero también había turcos y circasianos, todos ellos comprados y vendidos por comerciantes genoveses.

Además, hablaban lenguas similares pero a la vez, distintas del territorio en el que se encontraban, y compartían historias personales parecidas que les hacían sentirse más unidos entre ellos.

Por último, su prestigio en las artes militares fue el elemento definitivo que les sirvió para alzarse con el poder y mantenerlo durante casi 300 años.

El sultán al-Salih fue, en 1240, quien comenzó a introducir mamelucos turcos del Mar Negro en su ejército ante la doble amenaza que suponían los cruzados cristianos por un lado y los mongoles, por el otro.

Estos primeros esclavos  tardaron tan sólo diez años  en conseguir hacerse con el poder tras rechazar la Séptima Cruzada organizada por Luis IX de Francia, quien fue hecho prisionero junto con sus hombres.

El régimen mameluco en Egipto logró numerosos triunfos para el Islam a pesar de que su funcionamiento se basaba en intrigas y complots.

Reconquistaron Siria y protegieron a Egipto y a Palestina de los mongoles.

Custodiaron las ciudades santas de Medina y La Meca y lograron instalarse en El Cairo, primero en una isla de El Nilo y más tarde, en el castillo.

Aunque no se dedicaron a la persecución de los judíos ni de los cristianos coptos, sí que  actuaron como guardianes del Islam en el aspecto social .

La forma en la que un sultán llegaba al poder era gracias al apoyo de su clan y no dudaban a la hora de traicionar y asesinar al sultán que ostentara el poder en ese momento.

Una vez que llegaban al poder, apartaban de su lado a los hombres de confianza del anterior sultán, quienes al final buscaban venganza y se repetía la historia de asesinatos, intrigas y traiciones.

De hecho,  prácticamente la mitad de los sultanes mamelucos llegaron al poder con métodos violentos .

En total, hubo cuarenta y cinco sultanes mamelucos.

Veintiocho de ellos fueron llamados Bahríes, cuyo nombre viene de “bahr”, río, ya que sus cuarteles estaban situados en una isla del río Nilo.

Los otros trece sultanes procedían de la rama circasiana y fueron llamados Buryíes, nombre procedente de “bury”, torre, al estar sus cuarteles en el castillo de El Cairo.

La dinastía mameluca de Egipto comenzó su decadencia en 1517 cuando fue derrotada por Selim I, sultán del Imperio Otomano, aunque antes de eso ya habían empezado a perder el control de las rutas comerciales de Asia a consecuencia de la presencia de Portugal y sus nuevas rutas por el Cabo de Buena Esperanza.

Los mamelucos, entonces,  fueron relegados a puestos secundarios de la administración  hasta que comenzaron a recuperar de nuevo su poder. Cuando Napoleón llegó a Egipto en 1789, los mamelucos aún dominaban el país.

La instrucción de los mamelucos: al-furusiyya

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Cuando los esclavos llegaban a Egipto, ingresaban en la escuela, Hilqa o Tibaq, donde se les formaba para ser mamelucos.

Allí se ponían bajo el mando de un instructor militar, quien se encargaba de someterlos a un adiestramiento especialmente exigente y riguroso, al-furusiyya, la forma árabe con la que se ha denominado a estos ejercicios marciales.

Esta palabra viene del término “faras”, caballo en árabe medieval, ya que la equitación era lo que más destacaba entre los mamelucos. Al jinete se le llamaba “faris”, que ha dado lugar a la palabra actual en español “alférez”.

El furusiyya comprendía tres principios básicos relacionados con la equitación: cabalgar en sí, que incluía conocimientos veterinarios para aprender a cuidar del caballo además de las técnicas para montar; arquería, y la carga con la lanza desde el caballo.

Más tarde, ya a mediados del siglo XIV, se añade la esgrima.

Sabías que...
El furusiyya conllevaba también un código ético muy parecido al que seguían las órdenes de caballería europeas, ya que se basaba en esforzarse y luchar por su fe, en este caso el Islam.

Tras esta instrucción militar, los esclavos pasaban a ser hombres libres aunque en realidad, seguían sometidos mediante una relación muy parecida a la que tenía un señor feudal con sus siervos.

Existía una parte de estos mamelucos que formaba parte de una élite, los mamelucos reales, quienes eran comprados, instruidos y liberados por el sultán en persona. Estaban destinados en una guarnición situada en la ciudad de El Cairo.

Las armas de los mamelucos

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Los mamelucos aprendían el manejo de varias armas:

  • Saif: se trata de un sable de hoja curva que en el mundo occidental es conocido con el nombre general de “cimitarra”, término de origen italiano. Los persas, otomanos, magrebíes y otros pueblos musulmanes le dan otros nombres conforme a sus lenguas. Se trata de una espada fina y ligera, con un solo filo cortante para acuchillar al enemigo. La forma curva servía para poder atacar a los enemigos desde el caballo sin que la hoja se quedara incrustada en el cuerpo. El saif era un símbolo de los mamelucos, el arma bendita del Islam, y se fabricaba con acero procedente de la India.
  • Lanza y jabalina: armas de mango de madera y puntas metálicas que servían para ensartar al enemigo. La lanza se usaba desde el caballo para acabar con la vida de los enemigos que se acercaban y la jabalina, en cambio, se lanzaba para matar al enemigo a distancia.
  • Arco: los mamelucos usaban arcos ligeros y pequeños que les permitían lanzar flechas sin bajar del caballo. Una de las técnicas que usaban para poder lanzar con rapidez era tener cinco flechas en el carcaj y otras cinco en una mano, para no perder tiempo cargando el arco.
  • Tabar Zin: se trata de un hacha de batalla cuyo nombre viene de Persia. Puede tener una o dos cuchillas en forma de luna creciente y el mango tenía una longitud de aproximadamente 2,10 metros aunque existía una versión más pequeña de 90 centímetros. Este mango era metálico pero muy ligero. A causa de este arma, los mamelucos que hacían las veces de guardaespaldas y la llevaban consigo eran llamados tabardiyya.

Además del conocimiento en el uso de estas armas, los mamelucos también aprendían a luchar cuerpo a cuerpo y su talento en las artes marciales debía ser demostrado tanto a pie como sobre el caballo.

Shajar al-Durr, la reina de los mamelucos

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Shajar al-Durr fue la viuda de al-Salih y llegó al poder tras la muerte del sultán ayubí Turan Shah en 1250, siendo así  la primera sultana de la dinastía Bahrí de los mamelucos de Egipto .

Es la primera mujer musulmana de la Historia que gobernó en Egipto. Los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a su origen, ya que unos creen que tiene raíces turcas y otros, raíces armenias.

Shajar fue entregada como esclava a al-Salih y viajó con él hasta Egipto, dándole además un hijo varón.

Tras el nacimiento del niño de ambos, al-Salih se casó con ella.

Tras la muerte de al-Salih, Shajar informó al comandante del ejército y al jefe eunuco que controlaba el palacio, pero como en esos momentos se encontraban bajo el ataque de los cruzados, los tres decidieron no revelar la muerte del sultán.

Shajar y el comandante del ejército usaron papeles en blanco con la firma del sultán para seguir emitiendo órdenes sin que nadie supiera de su muerte; del mismo modo, Shajar fingía llevarle comida y visitarlo en su tienda.

Finalmente, la noticia de la muerte del sultán llegó a oídos de los cruzados, quienes se animaron a marchar sobre El Cairo.

El comandante del ejército fue asesinado pero entonces Shajar accedió al plan de Baibars de defender la ciudad de al-Mansurah y finalmente los cruzados de Luis IX de Francia fueron derrotados.

Turanshah, el hijo del sultán fallecido, llegó a Egipto y fue nombrado soberano, pero sabía que nunca tendría el poder completo mientras Sharaj y los mamelucos siguieran a su alrededor.

Comenzó a eliminar a puestos de confianza de su padre y a reemplazar a los antiguos oficiales.

Después, exigió a Sharaj que le devolviera las joyas de su padre. Ella se quejó ante los mamelucos, quienes acabaron con la vida de Turanshah por ese motivo y también al saber que, en estado de embriaguez, había abusado de las doncellas de su padre.

Sharaj fue nombrada entonces como legítima gobernadora del trono de Egipto, adoptando, entre otros nombres, el de  Reina de los Mamelucos .

Se emitieron monedas con sus títulos y se rezaba por ella en las oraciones del viernes de las mezquitas. Sharaj siempre firmó usando los nombres de su marido y su hijo para ganar legitimidad.

El califato se negó a reconocer a Sharaj como sultana de Egipto por lo que, por presiones de los mamelucos, ésta se casó con Izz al-Din Aybak, abdicando después en él.

En tan sólo tres meses, Sharaj había conseguido vencer a los cruzados de Luis IX de Francia e iniciar una nueva dinastía en Egipto.

Los siguientes conflictos con Bagdag y Siria hicieron que poco a poco, los mamelucos abandonaran a Aybak en favor de la dinastía siria.

Sharaj, que pretendía recuperar su poder, se mantuvo cerca de su esposo hasta que tras varias intrigas, hizo que fuera asesinado por sus sirvientes mientras tomaba un baño.

Sharaj dijo que había muerto repentinamente pero los mamelucos no la creyeron y obtuvieron la verdad torturando a los sirvientes.

Quisieron acabar con su vida pero los que aún la defendían, quisieron protegerla llevándola a la Torre Roja. Finalmente, Sharaj fue desnudada y golpeada hasta la muerte.

 Su cuerpo fue encontrado tirado en un foso , donde permaneció tres días sin que nadie lo enterrara y donde le fue sustraído un paño de seda y perlas que lo cubría.

Los sirvientes que asesinaron a Aybak, su marido, fueron ejecutados. Actualmente la tumba de Sharaj puede verse en la mezquita de Tulun y está considerada una joya de la arquitectura funeraria islámica.

Los mamelucos de Napoleón

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Cuando Napoleón llegó a Egipto, se dio cuenta del potencial de las hordas mamelucas y en 1801 ya había formado su primer escuadrón mameluco compuesto por 240 soldados.

Muchos de ellos pasaron a formar parte del ejército napoleónico e incluso uno de ellos, Rustam Raza, fue sirviente personal y guardaespaldas del propio Napoleón.

Los jinetes mamelucos actuaban junto a los cazadores a caballo de la Guardia Imperial. Tras la batalla de Austerlitz, en la que Napoleón venció a la Tercera Coalición formada por Gran Bretaña, Austria y Rusia, los mamelucos formaron su propio regimiento.

Los mamelucos actuaron en España en 1808, siendo parte de la escolta de honor de Joachim Murat, noble y militar francés y cuñado de Napoleón.

El levantamiento del 2 de mayo sucedió estando acuartelados en Carabanchel.

Una vez que el Imperio Napoleónico cayó, los mamelucos se dispersaron aunque muchos de ellos fueron asesinados en los episodios del Terror Blanco, actos de represión y terror que los monárquicos instigaron contra napoleónicos, republicanos y liberales.

Los últimos mamelucos

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Los mamelucos tuvieron un final rápido y radical.

En 1806, Mehmet Alí, el fundador del Egipto moderno, tomó el control del país tras haber expulsado a los franceses de El Cairo en 1803.

Enseguida se dio cuenta de que los mamelucos representarían un problema, pues querrían recuperar el poder en Egipto cuando se sobrepusieran a la derrota sufrida a manos de los franceses.

A principios de 1811, decidió celebrar una fiesta de investidura para su hijo Tussum, quien sería nombrado general de las tropas de Arabia el 1 de marzo de ese mismo año y también para celebrar la declaración de guerra contra las fuerzas de Ibn Saud en Arabia.

Invitó a los príncipes mamelucos; veinticuatro de ellos se presentaron allí vestidos de gala junto a cuatrocientos hombres.

Mehmet Alí ordenó a sus soldados que les tendieran una emboscada y en una calle de la ciudadela, cerca de la puerta de Al-Azab, fueron masacrados.

Según la leyenda, solamente uno de ellos pudo escapar: Amin (o Heshjukur, según la fuente), quien hizo saltar a su caballo por encima de las murallas para poder huir.

Durante los días siguientes, casi tres mil mamelucos y sus familiares fueron asesinados no solamente en El Cairo sino en todo Egipto.

A pesar de todo, un grupo logró huir hacia el sur del país, en el actual Sudán, y establecieron un pequeño estado independiente dedicado al comercio de esclavos.

En 1820, Mehmet Alí envió a sus tropas a la zona para expulsarlos y anexionar esa zona a Egipto.
 
 
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Vídeo sobre los mamelucos

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Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.