Atila, el rey de los hunos

Nombre: Atila
Lugar: Eurasia
Época: Guerras púnicas
Arma favorita: Arco
Característica: Cazador
Atila fue el último caudillo de los hunos y también el más poderoso. Su dominio se extendía desde Centroeuropa hasta el mar Negro y desde el mar Báltico hasta el río Danubio, gobernándolo durante casi veinte años. En Occidente era tan temido que se le conocía con el nombre de El Azote de Dios.

El imperio de los hunos es considerado como uno de los más feroces y poderosos que han existido. Esto se debe a que esta raza provenía de unas costumbres de caza y guerra desde muy temprana edad. Lo que marcó la diferencia con los demás fue su gran habilidad con el arco y destreza cabalgando pequeños y veloces caballos.

Los orígenes de Atila

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Los hunos eran tribus nómadas euroasiáticas de diversos orígenes que se unieron bajo un liderazgo aristócrata común. Se cree que aparecieron en Europa en el siglo IV y pronto lograron desbancar a sus rivales debido a su ánimo guerrero y a sus habilidades como jinetes y sobretodo, arqueros.

Atila nació en torno al año 400 pero desgraciadamente no se conoce nada acerca de su infancia.

Se cree que su nombre procede del río Volga, al que los hunos llamaban Atil. También se dice que Atil era la palabra huna para decir “hierro” y por último, que es una palabra compuesta que quería decir algo parecido a “padre de la patria“.

Se cuenta que aprendió a tirar con el arco a la edad de tres años y a manejar un sable con cinco años, algo habitual entre los hunos. Seguramente fue su tío Rua quien le enseñó.

Se suele decir que ya desde muy joven era un líder decidido y un guerrero valiente pero aunque es algo razonable, no hay manera de confirmarlo con fuentes escritas. Tras morir Mundzuk, su padre, Atila decidió acompañar a su tío Rua en sus correrías para aprender de él el arte de la guerra.

¿Cómo era Atila?

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  • Prisco, historiador que conoció a Atila en persona, le describe corto de estatura con pecho ancho y cabeza grande. Tenía la piel morena, los ojos pequeños y la nariz chata. Solía llevar barba, en la que se veían algunas canas, al menos en el momento en que Prisco le conoció.

Atila comparte fama con Gengis Khan: ambos eran considerados crueles, sanguinarios, inteligentes y grandes amantes de las batallas y el pillaje.

Esto no quiere decir que Atila fuera un bárbaro asilvestrado: el propio Prisco reconoció hasta tres lenguas durante su estancia en el campamento de Atila: gótico, huno y latín.

El propio Atila hablaba varios idiomas, el latín entre ellos, por lo que sería un hombre culto.

El hecho de que estuviera enemistado con los romanos le valieron el atributo de “bárbaro” pero hay que tener en cuenta que  era así como Roma llamaba al resto de pueblos que no pertenecían a su Imperio  sin tener en cuenta su nivel cultura y de civilización.

Prisco además describe a Atila como un rey humilde que come con utensilios de madera mientras que su corte usa vajilla de oro.

Sabías que...
En Hungría es considerado algo parecido a un héroe nacional y hoy día los húngaros aún ponen como nombre Atila a sus hijos.

En otras regiones que formaron parte de su imperio se le sigue recordando con la imagen de un gobernante que fue bondadoso y justo con su pueblo.

En cualquier caso, seguramente a Atila le favoreció que le dieran el apodo de “el Azote de Dios” y que en Occidente se le viera como poco menos que una bestia ansiosa de matar.

Atila reina con su hermano Bleda

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El rey Rua (o Rugila) muere en el año 434 quedando así sus sobrinos Atila y Bleda al mando de las tribus hunas. Justo al año siguiente, los dos hermanos firmaron un tratado con Teodosio II para que éste les devolviera a unas tribus fugitivas que se habían refugiado en el Imperio Romano de Oriente.

Además, los hunos obtuvieron otras ventajas como:

  • El aumento de los tributos de los romanos.
  • El pago de ocho sólidos por cada prisionero romano.
  • La apertura de los mercados a los comerciantes de los hunos.

Éstos, conformes, estuvieron durante cinco años alejados de los romanos mientras éstos aprovecharon para reforzar las murallas de Constantinopla y levantar una línea defensiva en la frontera a lo largo del Danubio.

En ese tiempo, Atila y Bleda se dedicaron a la conquista de Persia pero tras sufrir una derrota en Armenia, abandonaron esa idea.

En el año 440 regresaron al Imperio de Oriente y atacaron a los comerciantes del Danubio, quienes en realidad estaban protegidos por el tratado firmado con Teodosio II.

Atila y Bleda proclamaron la guerra abierta argumentando que el obispo de Margus había liderado una profanación de tumbas de reyes hunos.

El obispo, antes de permitir ser entregado por las autoridades imperiales, huyó y entró Margus a los hunos quienes comenzaron desde ahí una gran devastación a lo largo de la ribera del Danubio.

Atila y Bleda encontraron el paso abierto a través de Iliria y los Balcanes, llegando a conquistar la actual Belgrado y otras ciudades antes de detenerse en el año 442, concediendo una pequeña tregua que Teodosio aprovechó para traer soldados del norte de África y  acuñar nueva moneda para poder financiar la guerra contra los hunos .

Ante esas acciones, Atila y Bleda reanudaron la guerra en el año 443 poniendo en práctica algunas nuevas tácticas militares para los hunos como el uso de torres de asalto rodantes y el empleo de arietes.

Llegaron hasta las puertas de Constantinopla destruyendo ciudades y aniquilando romanos pero se detuvieron al no tener un adecuado material de asedio que pudiera derribar las impresionantes murallas de la ciudad.

Sabías que...
Teodosio, a pesar de todo, admitió la derrota y acordó la paz mediante la entrega de 2.000 kilos de oro, la multiplicación por tres del tributo y el precio de 12 sólidos por cada prisionero romano.

Una vez más, los hunos se retiraron a su territorio y durante este período de tranquilidad, Bleda murió. No se conocen las causas aunque existe una corriente que asegura que fue asesinado por el propio Atila.

Sea como fuera,  Atila quedaba convertido así en el rey de los hunos y líder del ejército. 

Atila, rey de los hunos

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Atila, una vez consolidado su poder entre los hunos, decidió volver las miras hacia el Imperio de Oriente.

En el año 447, entraba de nuevo en el imperio a través de Moesia enfrentándose al ejército romano en el río Vid, donde obtuvo una victoria.

Sin oposición, Atila se dedicó al pillaje en toda la región de los Balcanes llegando hasta las conocidas Termópilas.

Para firmar la paz, Atila tenía nuevas exigencias: quería que los romanos siguieran pagando el tributo en oro y además, que dejaran libre una franja de tierra desde Sigindunum hasta el sur del Danubio.

Las negociaciones se alargaron durante tres años, período en el que el historiador Prisco viajó al campamento de Atila como mediador y gracias al cual tenemos datos sobre el rey huno.

Atila llega a Occidente

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Aliado con el emperador de Occidente Valentiniano III, Atila promulgó en el año 450 su deseo de invadir el reino visigodo de Toulouse.

Años atrás, Atila había colaborado con tropas contra los godos y los burgundios a lo que Genserico había respondido con regalos y favores diplomáticos.

En la primavera de este mismo año, Atila recibió un mensaje: era el anillo de Honoria, la hermana de Valentiniano, que pedía ayuda al rey huno ya que querían casarla contra su voluntad con un senador.

Atila interpretó ese mensaje como una pedida de matrimonio y aceptó, pidiendo como dote la mitad del Imperio de Occidente.

 Cuando Valentiniano se enteró de lo sucedido quiso matar a su hermana  pero finalmente la envió al exilio.

Después, contactó con Atila para decirle que la propuesta de matrimonio que había recibido no era legítima pero el rey huno respondió alegando la inocencia de Honoria y amenazando con acudir él mismo a reclamar lo que era suyo por derecho.

En el Imperio de Oriente, Teodosio II había muerto y su sucesor, Marciano, decidió interrumpir el tributo que se pagaba a los hunos a finales del  450. Además, la zona de los Balcanes estaba extenuada y no ofrecía mucho botín en los saqueos.

Por todo ello, Atila decidió moverse hacia Occidente: su imperio era ya el más grande de la época y pretendía extenderlo por la Galia y las costas atlánticas.

Mientras reunió a todos sus vasallos, envió propuestas de alianza tanto a los visigodos como a los romanos.

En el año 451 Atila penetraba en Bélgica con un ejército de 500.000 hombres, conquistando Metz en Francia el 7 de abril de ese mismo año.

Aecio, el general romano del Imperio de Occidente, se vio obligado a salir al encuentro de los hunos con sus tropas de francos, celtas y burgundios.

Teodorico I, el rey de los visigodo, se alió rápidamente con los romanos al comprobar el avance de Atila y juntos le cortaron el paso en la ciudad francesa de Orleans.

La Batalla de los Campos Cataláunicos

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La batalla entre las tropas de Aecio y Teodorico por un lado y las de Atila por otro se produjo en la margen izquierda del río Marne, en un lugar próximo a la ciudad de Châlons-en-Champagne, aunque en realidad se desconoce el sitio exacto en el que se llevó a cabo.

El 20 de junio de 451 ambos ejércitos se desplegaron en formación abierta en el campo de batalla.

Los romanos se situaron en el ala izquierda y los visigodos en el ala derecha, dejando en medio a los alanos para evitar una posible huida de éstos últimos.

Cuando Atila llegó, sus enemigos ya se habían desplegado así que hizo lo propio. Seguramente ambos ejércitos permanecieron unos instantes mirándose antes de que empezara la batalla.

Los arqueros hunos fueron los primeros en iniciar las hostilidades. Después, Atila y sus hunos cargaron directamente contra los alanos, quizá precisamente para tratar de hacerlos huir, que era lo que Aecio y Teodorico querían evitar.

Su infantería fue a por los romanos y las tropas ostrogodas se dirigieron hacia las visigodas.

La batalla duró horas y a pesar de la dureza de las tropas hunas, los alanos no desertaron ni huyeron como Aecio temía y Atila deseaba.

El ala romana resistía los embates de la infantería bárbara sin problemas pues en realidad el mayor problema lo estaban causando los hunos en el centro de la formación, amenazando con romper las filas alanas.

En mitad de la refriega, Atila divisó a Teodorico y lo mató, afectando así a la moral de las tropas visigodas.

Sin embargo, esto no supuso la desbandada de los visigodos: en mitad del combate, nombraron rey a Turismundo, el hijo de Teodorico.

Los visigodos, luchando con energías renovadas, provocaron la huida de los ostrogodos de Atila. Turismundo, entonces, ordenó atacar a los hunos que seguían intentando romper las filas alanas.

Atila no tardó en divisar el peligro que corría ya que tanto Aecio como Turismundo podían rodearle al haberse roto las filas ostrogodas. Se dice que, en ese momento, envió a un mensajero a su campamento para que se fuera preparando una pira funeraria.

Atila reorganizó a sus hombres para la huida; sus planes eran llegar hasta su campamento e incinerarse antes de caer en manos de Aecio.

Sin embargo, el general romano no contraatacó.

  • Se cree que uno de los motivos pudo ser la retirada visigoda; es posible que Turismundo, una vez ahuyentado Atila, decidiera regresar a sus dominios y no mantener la alianza que su padre había firmado con Aecio.
  • Otra de las teorías, la más aceptada últimamente, es que Aecio temía que eliminando a los hunos, los visigodos se sintieran lo suficientemente fuertes como para enfrentarse al Imperio de Occidente.
  • Por último, otra opción que se baraja es que Aecio tuviera en mente una futura alianza con los hunos para derrotar a los visigodos. Fuera como fuera, Atila se marchó a Germania aunque se considera que el resultado de esta batalla fue incierto. A pesar de ello, el historiador Jordanes cuenta que Aecio se atribuyó el triunfo ya que Atila se había retirado a su campamento.

Atila invade Italia

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Atila no tardó demasiado en reaparecer: en el año 452 volvió para reclamar su matrimonio con Honoria, no dudando en arrasar y saquear Italia a su paso devastando ciudades como Milán o Padua.

De hecho, es en este momento cuando se funda la ciudad de Venecia por parte de aquellas poblaciones que habían huido a las lagunas del Adriático ante la llegada de los tremendos hunos.

Otros decidieron refugiarse en las montañas. El emperador Valentiniado dejó Rávena para refugiarse en Roma y el general Aecio, aunque estaba en activo y en campaña, no tenía suficientes fuerzas como para enfrentarse a las tropas de Atila.

A orillas del río Po se produjo un encuentro entre Atila, el Papa León I, el prefecto Trigecio y el cónsul Avieno entre otras autoridades. Una vez terminado, Atila accedió a abandonar tanto Italia como sus pretensiones de casarse con Honoria.

  • En realidad no se sabe exactamente qué es lo que ocurrió durante ese encuentro como para que Atila decidiera dejar a un lado sus pretensiones.

Se han ofrecido varias respuestas. Una de ellas alude a las epidemias y hambrunas que asolaban Italia en aquel momento y que quizá afectó también a las tropas de Atila, debilitándolas. Otra opción es la presión ejercida por las tropas que Matrubio tenía en el Danubio y que pudieron hacerle sentir amenazada.

Otros investigadores creen que pudieron ser las dos cosas. El historiador Prisco ofrece otra alternativa: Alarico había muerto poco después de saquear Roma en el año 410 y los hunos pudieron tener un ataque de superstición que les impidiera avanzar hasta la capital.

Por último, se dice que Atila se enteró por el Papa León I de que Honoria había muerto por lo que su incursión en Roma y sus exigencias habrían perdido el sentido.

La muerte de Atila

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Desde su palacio más allá del Danubio, Atila planeó volver a intentar la invasión de Constantinopla para exigir que se le volviera a dar el tributo que Marciano había dejado de pagar.

La noche en la que se encontraba celebrando su última boda, supuestamente con una goda de nombre Ildico, sufrió una grave hemorragia nasal que acabó con su vida aunque quizá la hemorragia fuera interna por beber en exceso.

El hecho es que sus hombres lo encontraron en su cuarto a la mañana siguiente muerto sobre un charco de sangre y a su esposa llorando en un rincón. Tenía 58 años.

Otra versión, la ofrecida por el cronista Conde Marcelino, dice que fue precisamente su esposa quién lo asesinó clavándole una daga. Esta teoría es descartada actualmente por los investigadores, prefiriendo la versión de Prisco que fue contemporáneo a los hechos.

También se dice que sufrió una apoplejía.

Sabías que...
El duelo de sus soldados fue impresionante: se cortaron el cabello y se hirieron con sus propias espadas.

Atila fue enterrado en un triple sarcófago hecho de oro plata y hierro junto con su botín.

Se dice que todos los que participaron en su funeral fueron asesinados para que jamás se supiera dónde estaba enterrado.

Atila dejaba tres hijos: su heredero Elac, Dengizic y Ernakh. Lucharon entre sí por la sucesión en el imperio de su padre por lo que pronto fueron vencidos por una coalición de varios pueblos en la batalla de Nedao, dispersándose así el imperio huno.

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Documental de Atila

Atila fue un gran guerrero que marcó un antes y un después en la historia que a día de hoy conocemos, por ello, el vídeo de a continuación deja más claro mucha información sobre Atila y cual fue su aportación al mundo que hoy conoces:

Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.