Los celtíberos, la pesadilla de Roma en Hispania

Nombre: Celtíberos
Lugar: Península Ibérica
Época: Edad del Bronce hasta Romanización hispánica
Arma favorita: Espada de antenas
Los celtíberos eran una tribu de la Península Ibérica que habitaba el territorio al oeste de la Cordillera Ibérica, que servía de frontera natural con los íberos también en el valle del medio Ebro y se conocía con el nombre de Celtiberia.

Sin embargo, el término “celtíbero” también se usa para denominar en conjunto a las tribus celtibéricas y es el que se emplea en este artículo.

Los distintos pueblos celtíberos ocasionaron más de un quebradero de cabeza a Roma, desde donde se enviaron excelentes generales para mantenerlos bajo control y así someter Hispania.

La ferocidad de estos guerreros, su ausencia de miedo a la muerte y sus astutas estrategias demostraron que no iban a ponérselo nada fácil.

Los celtíberos, celtas en la Península Ibérica

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Es complicado establecer cuáles fueron exactamente las tribus celtas de la Península Ibérica ya que durante los siglos de su existencia, entre el siglo III a.C y el siglo I d.C., algunas de ellas desaparecieron y otras se expandieron precisamente ocupando el territorio de las más débiles. Etnias y estados fueron variando hasta que se produjo la conquista romana.

En el Sistema Ibérico, especialmente en Zaragoza y Teruel, hay varios yacimientos y ciudades celtíberas así como en Castilla y León.

Al mismo tiempo, cada tribu se dividía en clanes de los que apenas conocemos sus nombres gracias a la epigrafía en lengua celtibérica que también nos ha proporcionado información sobre el mundo celtibérico.

Generalizando, los pueblos celtíberos con influencia celta en la Península Ibérica son:

  • Galaicos
  • Cántabros
  • Astures
  • Belos
  • Titos
  • Pelendones
  • Arévacos
  • Vacceos
  • Celtíberos
  • Vettones
  • Carpetanos
  • Lusitanos

Aún así, existen muchos debates en torno a la celticidad o no de estos pueblos, siendo un tema en constante discusión del que aún no se ha llegado a un acuerdo.

La lengua y escritura son dos de los rasgos que se han estudiado para tratar de determinar la celticidad de estos pueblos.

Tampoco hay acuerdos en cuanto al origen de estas tribus con características que las diferencian de los celtas insulares y continentales pero que, a su vez, también se diferencian unas de otras, muchas veces dependiendo de las influencias que hubieran recibido por parte de otros pueblos.

Las primeras teorías hablaban de  sucesivas invasiones  procedentes de la Cultura de los Campos de Urnas, después se habló una evolución por el contacto con otras culturas y no hace demasiado, se habló de que el origen de los celtas europeos estaba precisamente en la Península Ibérica, al sur de la Meseta Oriental.

Los romanos llegan a la Península Ibérica a finales del siglo III a.C., en el año 218 a.C., con motivo de la Segunda Guerra Púnica.

Escipión desembarcó en la actual Ampurias (Girona) y en su lucha contra los púnicos, Roma comienza a conquistar ciudades de la costa mediterránea, teniendo los primeros contactos con los íberos.

Más tarde, para cortar los suministros que Aníbal recibía desde Hispania, los romanos penetran en la meseta siguiendo el Ebro y siete años más tarde, el ejército romano  ya cuenta con auxiliares celtíberos entre sus tropas .

Sin embargo, al hacerles Aníbal una oferta mejor, los mercenarios celtíberos abandonaron a los romanos. Veinte años más tarde, Roma se encontraría con estos mercenarios celtíberos en sus enfrentamientos contra los turdetanos del sur peninsular.

La conquista de Celtiberia comenzó en el año 181 a.C. por parte de Tiberio Sempronio Graco, quien sometió pueblos y aldeas en la meseta pero también pactó con algunas tribus aprovechando su rivalidad contra los vascones, prometiéndoles ayuda.

Roma comienza a reagrupar a algunos de estos pueblos ibéricos en asentamientos propios con la excusa de formarles en la cultura latina. Estos nuevos asentamientos pagaban tributo y, algunos, obtenían permiso para acuñar su propia moneda.

Además,  adquirían con el tiempo la ciudadanía romana  modificándose así la sociedad celtibérica.

Los que se negaban a ser sometidos, eran vendidos como esclavos. Con el tiempo, hubo protestas por los elevados tributos y Roma tuvo que intervenir para regular el sistema impositivo.

En el año 154 a.C. y a raíz de estos impuestos, los habitantes de Segeda, en la provincia actual de Zaragoza, deciden amurallar su ciudad a pesar de que lo tenían prohibido.

El cónsul Nobilior se presentó allí con 30.000 soldados y los segetanos huyeron, buscando refugio en Numancia, la capital de los arévacos. Nobilior hubo de pasar el invierno frente a las murallas de Numancia tras sufrir varias derrotas.

Varios cónsules fueron enviados desde Roma sin obtener ningún resultado hasta que Cayo Hostilio Mancino capituló ante Numancia al oír rumores de que cántabros y vacceos se disponían a ayudar a los numantinos.

Mancino fue llamado a Roma, que no aceptó las condiciones que éste había pactado con Numancia, y fue obligado a entregarse a la ciudad.

Tras un día entero en las puertas, los numantinos lo rechazaron. Finalmente, en 134 a.C., Escipión Emiliano llegaba a la Península Ibérica.

Tras imponer un duro asedio a Numancia, la ciudad se rindió presa del hambre y sus habitantes, los que no se habían suicidado, fueron convertidos en esclavos.

De forma paralela a estos sucesos, en el año 155 a.C. y en Lusitania, el caudillo Púnico y, tras su muerte, Caisaros, habían logrado varias victorias frente a Roma. En el año 147 a.C. surge la figura de Viriato como nuevo caudillo de los lusitanos.

Durante ocho años obtuvo victorias sobre los romanos hasta que fue traicionado y asesinado por dos de sus capitanes. Tautalos, su sucesor, se rindió a Roma poco después.

Más adelante, en el siglo I a.C., Hispania fue escenario de las guerras civiles de Roma cuando Quinto Sertorio buscó refugio en esta provincia tras rebelarse contra Sila.

Sertorio fue vencido por Pompeyo y es este momento, es cuando Julio César llega a la Península Ibérica para eliminar los apoyos que tenía éste último entre los pueblos ibéricos.

Por último y ya bajo el mandato de Augusto, estallaron las guerras astur-cántabras en el norte de Hispania. Tras el final del conflicto, Roma obtuvo pleno dominio sobre la Península Ibérica cuyos habitantes se fueron romanizando progresivamente olvidando su cultura celtibérica.

Las armas de los celtíberos

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Es complicado describir con exactitud la panoplia de los guerreros celtíberos ya que además de existir una evolución cronológica en el equipo y las armas domésticas y artesanales, también hay distinciones según las tribus y zonas.

Por eso, esta descripción es básica para poder crear una idea general del tipo de equipamiento que llevaba un guerrero celtíbero:

  • Casco: existían varios modelos entre los que destacan el tipo Montefortino y el hispano-calcídico. Los cascos servían para expresar el poder de quien lo llevaba, especialmente los que iban decorados con penachos de plumas. Estos cascos podían llevar carrilleras, cubrenucas y se remataban con una pieza en forma de cono o de esfera. Es posible que el interior estuviera forrado con fibras vegetales o telas para acomodar la cabeza y protegerla de los golpes aunque al ser materiales perecederos no se han podido encontrar restos que lo certifiquen. Para los celtíberos, la cabeza era el depósito del alma por lo que su protección tenía doble sentido, y es éste el motivo también por el que tenían la costumbre de cortar la cabeza del enemigo. Si éste era especialmente ilustre, conservaban la cabeza en aceite de cedro y la exhibían a modo de trofeo, tal como se ve en algunas fíbulas donde aparecen jinetes con cabezas cortadas colgando de su caballo.
  • Escudo: la caetra es el escudo circular de los celtíberos y se fabricaba en cuero o en madera forrada con piel. Tenían la medida exacta para proteger el torso de un hombre, entre 50 y 70 centímetros, y podían llegar a pesar hasta 8 kilos. Podían estar decorados con remaches de bronce que quizá servían para identificar a los distintos clanes y tribus. Los lusitanos tenían escudos de dos pies de diámetro y cóncavos y, los cántabros, escudos hexagonales y escudos circulares cóncavos además de la caetra.
  • Coraza: los lusitanos llevaban corazas de lino aunque los más pudientes llevaban coraza de malla. Destacan los discos-coraza, dos discos (uno al pecho y otro a la espalda) unidos por cadenas de bronce o hierro o también por tiras de cuero. El hecho de que no parecieran proteger mucho y de que tengan mucha decoración simbólica hace cree que fuera un elemento de prestigio más que de protección.
  • Grebas: se usaban para proteger las espinillas y podían ser de lana, pieles o cuero. En el famoso Vaso de los Guerreros de Numancia se ve a los guerreros llevando grebas.
  • Espadas: la espada más característica de los celtíberos es la espada de antenas, no la falcata, como se suele creer y que es típica de los íberos. La espada de antenas tenía doble filo y era tan eficaz y resistente que los romanos la adoptaron para crear su gladius hispaniensis. Esta calidad del hierro procedía del uso de agua y del fuego en su fabricación. Aunque existen varios tipos de espadas de antenas, todas se caracterizan por el doble filo y la punta triangular. Su nombre viene de la forma de su empuñadura, que parecen dos antenas acabadas en dos formas esféricas. La espada se consideraba el arma más importante del guerrero celtíbero al igual que ocurre con otros guerreros de otras civilizaciones y épocas. Por eso, podían ceder en cualquier cosa ante los romanos excepto en la entrega de las armas. Por el mismo motivo, uno de los peores castigos que los romanos infligían a los celtíberos era cortarles la mano derecha, con la que manejaban la espada. Cuando un guerrero moría y era enterrado con sus armas, éstas eran destruidas o inutilizadas.
  • Puñales: dentro de todas las tipologías de puñales que hay, destacan los biglobulares, llamados así por los dos discos que tienen en la empuñadura. El del extremo y de mayor tamaño servía para apoyar el pulgar y hacer fuerza al clavar y el pequeño llenaba el hueco de la mano al cerrar el puño para que el agarre fuera más sólido. Tienen solamente una nervadura central, lo que los hace muy sólidos y resistentes. Los puñales se llevaban cerca del cuerpo para poder usarlos con rapidez en caso de necesidad y en ocasiones, se portaban en una pequeña funda adherida a la funda de la espada.
  • Lanzas: solamente eran metálicas en la punta, diferenciándose así del pilum romano y el soliferrum íbero. Las lanzas y jabalinas eran usadas tanto por los jinetes como por la infantería, siendo las de éstos últimos más ligera.

Los dioses guerreros de los celtíberos

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La sociedad celtíbera se basaba en los valores guerreros y por lo tanto, la guerra era un aspecto muy presente en sus vidas y, por supuesto, también en sus creencias.

Los guerreros consideraban que  el máximo honor era morir en combate  ya que les haría llegar directamente junto a los dioses.

En algunas tribus, los cuerpos de los guerreros caídos en la lucha  eran expuestos al aire libre para que fueran devorados por los buitres a modo de ritual funerario , quienes llevarían de esta forma sus almas al cielo, una costumbre que sigue vigente en algunas zonas del Tíbet.

En otras ocasiones, el cadáver del guerrero era incinerado junto con sus armas y el resto de panoplia mientras se llevaban a cabo juegos funerarios y cánticos. Este tipo de funeral debía estar reservado a los reyes y caudillos, tal y como se hizo con Viriato.

Se han documentado varios dioses de la guerra:

  • Cariocecus: se trata de una divinidad guerrera que los romanos asociaron con Marte. Es posible que se le sacrificaran cabras, caballos y prisioneros.
  • Cosus: este dios recibió culto en el noroeste de la Península Ibérica y también fue asimilado con el Ares griego y el Marte romano. Se cree que quizá fue el patrón de las cofradías guerreras de esta zona. Se barajan distintos significados de su nombre que pueden ser “victoria” o también “sujetar”, por lo que sería un dios que otorga la victoria y además, paraliza a los enemigos.
  • Trebaruna: se trata de una diosa de Galicia y Portugal que actuaba como protectora de la tribu o del clan y que también ha sido vinculada con la victoria en la batalla y la muerte con honor.
  • Netón: es el dios solar de la guerra, adorado por celtas pero también por los íberos. Representa la idea del héroe mortal que acaba convirtiéndose en un dios.

Además de estas divinidades, existen otras vinculadas también al ejercicio de la guerra como por ejemplo, Vaélico, el dios-lobo encargado de guiar a los guerreros muertos hasta el Inframundo.

Otro sería Baraecus, como protector de los muros del poblado, y Bandus, “el fuerte y victorioso” que conducía al triunfo a los guerreros y estaba asociado también a los juramentos.

La devotio, el juramento de los celtíberos a sus jefes

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La devotio ibérica era la forma en la que se producía una clientela militar entre un jefe y los hombres que le seguían.

Los hombres juraban proteger con su vida al jefe o rey y, a cambio, éste les mantenía y les otorgaba un estatus social más alto. Además, los hombres también hacían este juramente ante una divinidad a la que ofrecían su vida si acaso a su jefe le ocurría algo.

Por ello, si finalmente el jefe o el rey moría en el combate, sus devotos tenían la obligación de suicidarse por honor.

Quizá una de las divinidades ante la que hacían este juramento era Bandus, dios asociado con la palabra dada y su cumplimiento.

En ocasiones, esta devotio se complementaba con un pacto de hospitium, por el cual una comunidad acogía a un individuo o bien, dos comunidades llegaban a un acuerdo. En ocasiones, Roma hizo este tipo de pactos con las tribus que se mostraban favorables a un acuerdo.

Los romanos se aprovecharon de la institución de la devotio para conseguir soldados fieles atados por un juramento a los dioses que sabrían que sería respetado.

Se cree que, además, la férrea resistencia que mostraron los celtíberos en episodios como los de Numancia o Calagurris fuera debida precisamente al haber hecho ese tipo de juramento y no poder actuar sin la orden de un jefe.

Es posible que de la devotio hecha a los jefes romanos acabara derivando el culto al emperador.

Las cofradías guerreras

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En la Península Ibérica existían cofradías guerreras, especialmente en la zona noroeste y también en Lusitania, al oeste.

Se trataba de grupos de guerreros que se dedicaban especialmente al saqueo para obtener bienes de consumo y que, por lo tanto, no se dedicaban a la agricultura como otras tribus vecinas sino que se centraban más bien en la ganadería, una actividad económica que les permitía una mayor movilidad.

Estas cofradías guerreras  salían a saquear a principios de la primavera  y volvían al hogar cuando llegaba el invierno para descansar y reunirse con el resto de la tribu.

Se cree que seguramente el pertenecer a una de esas bandas conllevaba la superación de un rito de iniciación que, desgraciadamente, no ha llegado hasta nosotros.

Las saunas halladas en el norte de Portugal y sur de Galicia podrían haber tenido un papel relevante en este rito de iniciación en el que el agua jugaría un papel importante como símbolo de regeneración y también como elemento de tránsito al Inframundo.

La pertenencia a estas cofradías incluiría también un juramento, quizá parecido a la devotio, dedicado a una divinidad tutelar del grupo.

Estos saqueos llevados a cabo por las cofradías guerreras seguramente tenían también un componente económico y social.

El económico vendría derivado del hecho de su escasez de recursos al no dedicarse a la agricultura y el social derivaría de la búsqueda de prestigio dentro del grupo y también de una especie de “rito de paso” para los jóvenes que se convertían en adultos.

Existen paralelos de estas cofradía guerreras entre los germanos y los celtas de Irlanda, por ejemplo, y se cree que su origen estaría en tiempos arcaicos.

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Documental sobre los celtíberos

Sí aun te has quedado con ganas de saber más sobre los celtíberos, a continuación te dejamos con unos vídeos que ampliarán la información sobre estos guerreros:

Sobre el autor:

Laura Díaz
Laura Díaz
Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá. Trabajando como guía turística en Alcalá de Henares (Madrid) y como redactora en varias revistas. Mi pasión es la Historia y escribir sobre ella.