La Batalla de Cannas

La batalla de Cannas se produjo el 2 de agosto del año 216 a.C. y enfrentó al ejército cartaginés o púnico de Aníbal Barca contra las tropas romanas dirigidas en esa ocasión por los cónsules Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón dentro del contexto de la Segunda Guerra Púnica. Está considerada como uno de los mejores ejemplos de táctica militar de la Historia y se recuerda como una de las peores derrotas sufridas por Roma.

Antecedentes de la batalla de Cannas

Aníbal Barca ya había penetrado en Italia para desesperación de Roma que se veía incapaz de detener su avance hacia la que entonces era prácticamente la capital del mundo conocido.

En primavera del año 216 a.C. Aníbal se apropió de una gran cantidad de suministros de Cannas y asedió la ciudad.

La toma de Cannas supuso para los romanos no solamente la pérdida de una ciudad sino en realidad, de todo un distrito con sus territorios y almacenes. Desde allí, Aníbal podría controlar toda Apulia.

Los recién nombrados cónsules Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón se dirigieron con sus ejércitos en esa dirección para tratar de detener el avance del general cartaginés.

Tras una marcha de dos días, las tropas romanas se asentaron aproximadamente a 10 kilómetros del lugar en el que se situaba el ejército de Aníbal, en la orilla izquierda del río Aufidus.

Aunque según las leyes romanas cada cónsul debía mandar a su parte del ejército, al haber unido a las tropas se estableció que cada día sería uno de los cónsules quien dirigiera a los soldados.

¿Sabías que...
Al parecer, de alguna manera Aníbal era conocedor de esta situación y elaboró su estrategia en base a esta alternancia de mando en las tropas que Roma había enviado.

Varrón fue el cónsul al mando el primer día y condujo a los hombres hacia Cannas. Aunque sufrió una emboscada por parte de las tropas cartaginesas, supo rechazarla y continuar el camino hacia Cannas.

A pesar de que en realidad se trató de una pequeña pelea sin demasiada importancia táctica ni estratégica, los soldados romanos lograron aumentar su optimismo al igual que el cónsul Varrón.

Emilio Paulo, sin embargo, no se mostraba tan optimista pues no le parecía bien el modo en que se estaba desarrollando el enfrentamiento contra las tropas de Aníbal.

El cónsul opinaba que a pesar de que las tropas romanas superaban en número a las cartaginesas, no era recomendable llevar el enfrentamiento a campo abierto ya que a nivel táctico, Aníbal tenía ventaja gracias a la calidad y cantidad de su caballería.

A pesar de todo, las tropas siguieron su camino y acamparon divididas en dos campamentos, uno de los cuales se dedicaría a proteger a los forrajeadores del campamento principal y a hostigar a los de los cartagineses.

Aníbal provoca a Varrón
Tanto el ejército cartaginés como el romano permanecieron durante dos días en sus posiciones. El segundo día, 1 de agosto, Aníbal abandonó su campamento y ofreció una batalla a campo abierto en ese momento, sabiendo que el impulsivo y arriesgado Varrón estaba al mando ese día.

Sin embargo, Emilio Paulo decidió rechazar esa propuesta. Aníbal decidió entonces impedir a los soldados romanos obtener agua del río Aufidus e incluso cortó el suministro mientras su caballería creaba el caos alrededor del campamento romano.

Los ejércitos de la batalla de Cannas

El ejército cartaginés

El origen de los soldados que formaban el ejército cartaginés era bastante variado y no se sabe con demasiada exactitud cuántos había de cada nacionalidad.

En cuanto a las cantidades de hombres, se estima que habría unos 10.000 jinetes entre los que habría al menos 4.000 galos, 4.000 númidas, 2.000 hispanos y 450 libios y fenicios.

En cuanto a la infantería, había 40.000 soldados divididos en infantería ligera (una mínima parte) y el resto serían celtas que se habían unido a Aníbal en Italia.

Se cree que habría aproximadamente unos 10.000 libios y 4.000 hispanos. Por último, el general cartaginés contaba además con 8.000 hostigadores entre los que habría honderos baleares.

No hay que tomar estas cifras al pie de la letra porque son las que tenemos respecto a su formación inicial y es posible que variaran al llegar a Cannas pero al menos nos da una idea de la amalgama de nacionalidades que componían el ejército de Aníbal y que se unían precisamente en la figura de su general.

El ejército romano

Los dos ejércitos consulares que participaron en la batalla se componían de 75.000 soldados de infantería, 2.400 de caballería romana y 4.000 de caballería aliada.

Además, en los campamentos se habían quedado otros 10.000 soldados de infantería (2.600 de infantería pesada y 7.400 de infantería ligera).

Debido a su enorme tamaño, el ejército romano tuvo que establecer una formación estrecha y profunda que además le permitiría resistir el embate de los cartagineses.

Comienza la batalla de Cannas

Los ejércitos comenzaron a avanzar uno hacia el otro. Aníbal, que había dispuesto a sus hombres en línea recta, hizo que poco a poco sus hombres comenzaban a adoptar una formación de luna creciente conforme se movían hacia las tropas romanas.

Aunque normalmente se ha dicho que esta formación tan débil en el centro se debió a una estrategia pensada para retrasar el ataque del ejército romano en su parte frontal, actualmente se cree que pudo deberse bien a las desviaciones del terreno, bien al propio temor del centro de las líneas cartaginesas al verse frente a frente contra la infantería pesada romana dispuesta a la carga

Al encontrarse los dos ejércitos, la caballería cartaginesa formada por hispanos y celtas se lanzó con ferocidad hacia la caballería romana produciéndose una escaramuza cruel y violenta en la que salieron vencedores los hombres de Aníbal.

Entonces, otra parte de la caballería rodeó a las tropas romanas por la retaguardia hasta atacar al otro ala de la caballería romana provocando así que se dispersara por completo.

Mientras tanto, las respectivas infanterías de cartagineses y romanos seguían avanzando la una hacia la otra. Los soldados romanos contaban con una desventaja en esta situación ya que tenían el viento de cara y el polvo que levantaba les dificultaba la visión.

Más problemas para Roma
Hay que añadir que, además, los romanos estarían sufriendo los efectos de la sed a la que les habían condenado los cartagineses al cortar su suministro de agua.

Los cartagineses habían colocado a sus honderos baleares para tratar de frenar el avance de los soldados romanos pero no tuvieron demasiado éxito.

Una vez estuvieron un ejército delante de otro se produjo un increíble intercambio de lanzas que finalmente dio lugar a la batalla cuerpo a cuerpo.

Aníbal se dirigió entonces al centro de la formación, el punto más débil de su ejército, y puso en marcha una retirada controlada que poco a poco fue formando un semicírculo que rodeaba a las fuerzas de infantería romanas.

Cuando los soldados romanos se lanzaron a empujar a los cartagineses, éstos se desplazaron progresivamente hacia atrás hasta abrirse del todo y dejar a los romanos encerrados y demasiado cerca los unos de otros como para tratar de romper filas y moverse con cierta agilidad.

Mientras ocurría esto y la caballería romana era eliminada, las tropas africanas permanecían custodiando al resto de soldados de Aníbal sin recibir ningún tipo de oposición.

La caballería cartaginesa, una vez libres de su ataque a la caballería romana, se lanzó contra la infantería desde la retaguardia.

Los romanos se introducían cada vez más en la trampa ofrecida por Aníbal en forma de semicírculo custodiado en los flancos por las tropas africanas. Fue en este momento cuando éstas recibieron la orden de ataque por parte de Aníbal.

Los soldados cartagineses ejercerían un ataque en forma de tenaza sobre las fuerzas de los romanos que comenzaron a caer al no poder moverse del sitio: no podían levantar los escudos ni desenvainar sus espadas y eso hizo que los soldados romanos entraran en estado de pánico.

Aníbal ordenó mutilar a los supervivientes, pues en aquellos momentos aún necesitaba hombres dispuestos a cambiar de bando y ponerse a su favor. Más tarde, procedería a masacrarlos a todos.

Las bajas en la batalla de Cannas

Realmente es muy complicado conocer con exactitud estas cifras así que hay que acudir a Polibio y Tito Livio, quienes afirman que fallecieron unos 60.000 romanos y unos 4.000 fueron hechos prisioneros.

Entre los muertos había personajes ilustres como el propio cónsul Lucio Emilio Paulo, que cayó durante el enfrentamiento entre caballerías, procónsules, cuestores y varios tribunos militares además de senadores y hombres elegibles como tales.

Al día siguiente de la batalla de Cannas, otros 8.000 hombres procedentes de los dos campamentos romanos y de pueblos cercanos se rindieron tras ofrecer una resistencia que se llevó por delante a otros 2.000 hombres.

La batalla de Cannas es la segunda batalla con mayor porcentaje de bajas de toda la historia de Roma, estando en primer lugar la batalla de Teutoburgo del año 9 d.C.

Las bajas de los cartagineses ascendieron a unos 16.500 hombres, siendo la mayoría de ellos celtíberos e íberos, y de entre ellos murieron 6.000: 4.000 celtíberos y 1.500 íberos, africanos y parte de la caballería.

Las consecuencias de la batalla de Cannas

La batalla de Cannas fue un completo desastre para Roma ya que su ejército quedó desorganizado y destruido, afectando a las fuerzas que entonces luchaban en la Península Ibérica.

Los supervivientes se encontraban totalmente hundidos y sin ningún tipo de moral y Varrón, el cónsul que había quedado libre, había quedado totalmente desacreditado ante Roma.

¿Sabías que...
En la ciudad de Roma se declaró todo un día de luto ya que no hubo ciudadano que no tuviera algún conocido entre los fallecidos en Cannas y la desesperación llevó a la ejecución de sacrificios humanos en honor a los dioses. Al menos en dos ocasiones se enterró a personas vivas bajo el Foro, según dicen las fuentes, y también se abandonó a un bebé deforme en el mar Adriático.

Los soldados que habían sobrevivido fueron enviados a luchar en Campania y después, se les asignó Sicilia como castigo por haber desertado en la batalla de Cannas.

Permanecieron allí hasta que en el año 2.04 a.C. Escipión el Africano los llevó con sus tropas hasta África donde acabó al fin con la guerra contra Aníbal en el transcurso de dos años.

El prestigio de Roma en el exterior sufrió grandes perjuicios. Aníbal se había hecho con casi 200 anillos de oro de soldados romanos que pertenecían a clases altas y los había enviado al senado cartaginés como muestra de su victoria y de la derrota de Roma.

Con esta victoria, Aníbal se apuntaba ya ocho ejércitos consulares derrotados a sus espaldas mientras que Roma había perdido una quinta parte de la población de varones mayores de diecisiete años.

Muchas poblaciones y ciudades del sur de Italia decidieron pasarse al bando de Aníbal y apoyar la causa cartaginesa. Sicilia y Macedonia también se mostraron proclives hacia Aníbal.
Aníbal rechaza marchar sobre Roma
Tras la batalla de Cannas, Marhabal, el comandante de los jinetes númidas, le propuso a éste avanzar hacia Roma pero el general rechazó la propuesta ya que a pesar de la aplastante victoria, el ejército cartaginés había sufrido numerosas bajas y no estaba en condiciones de marchar sobre Roma sin tan siquiera maquinaria de asedio. Además, Aníbal era consciente de que los romanos aún tenían numerosos recursos en forma de hombres y suministros con los que sería difícil enfrentarse en esos momentos.

Aníbal prefirió enviar una delegación al Senado romano para llevar a cabo las negociaciones para alcanzar un tratado de paz.

A pesar de lo sucedido en Cannas, los senadores de Roma se negaron a parlamentar y redoblaron sus esfuerzos militares mediante el reclutamiento de más hombres para reforzar las legiones.

Otra de las consecuencias de esta derrota es que el ejército romano jamás volvió a enfrentarse con Aníbal en campo abierto regresando así a las Tácticas Fabianas de desgaste que había puesto en marcha Quinto Fabio Máximo.

Las Tácticas Fabianas consistían en no enfrentarse nunca directamente con Aníbal sino en hostigar a sus tropas constantemente.

La venganza de Roma llegaría de la mano del general romano Publio Cornelio Escipión el Africano, quien derrotó a Aníbal en la batalla de Zama y dio fin a la Segunda Guerra Púnica.

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 Vídeo sobre la batalla de Cannas

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